viernes, 15 de noviembre de 2019

Más allá de la justicia

Séptimo fragmento de la Conferencia pronunciada por Robert Spaemann en un Simposio de la Fundacion Siemens, en Munich, el 27 de mayo de 1997 titulada: Wie praktisch ist die Ethik? Publicada en en el libro de la editorial Eiunsa Robert Spaemann: Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar con el título ¿En qué medida es práctica la ética?


Buscando el perfeccionamiento humano


Este es el sentido de la distinción de Aristóteles entre poiesis y praxis, entre el hacer y el actuar. La filosofía moral clásica se interesaba más por el lado práctico de la vida que por el poiético: no por lo que uno hace en el mundo sino por lo que se hace a sí mismo cuando hace algo en el mundo.


continuación



Cuando hoy en día se pregunta por la relevancia de la ética filosófica para la praxis, se quiere decir sobre todo, casi en exclusiva incluso, en qué medida es competente para resolver cuestiones de la justicia, y precisamente, como ya se ha dicho, no de la justicia en cuanto virtud sino en cuanto norma de acción. «No todo el que hace algo injusto es injusto», escribe Aristóteles (1). Quien por ejemplo comete adulterio hace algo injusto. Pero quien lo hace para obtener beneficios materiales, tiene un vicio distinto que quien lo hace por pasión, incluso a costa de perjuicios materiales. Uno es codicioso, el otro carece de dominio sobre sí mismo. Por lo demás, en caso de acuerdo recíproco no se trataría ya de ninguna injusticia en absoluto -pues «volenti non fit iniuria»-, sin embargo en el sentido de la ética clásica se trataría de algo aún peor, a saber, del favorecimiento recíproco de la depravación humana.


La ética clásica no estaba principalmente interesada en acciones concretas sino en actitudes, en disposiciones para la acción, esto es, en virtudes. Virtud es, según Aristóteles, la capacidad para, dentro de un determinado campo de acciones, dar con lo correcto en el caso particular. Y no sólo en el sentido de la facultad moral de juzgar, sino también en el sentido de una disposición a hacer lo reconocido como correcto, esto es, a juzgarlo como bueno para mí aquí y ahora. La ética filosófica es una teoría de esta facultad de juzgar, pero no su sustitutivo. Entre ella y el juicio concreto se hallan por una parte la moral, por otra, cuando se trata del hacer poiético, la correspondiente lex artis, y finalmente el conocimiento de las circunstancias. Por otro lado, moral y lex artis no pueden separarse de manera estricta. Sin elementos morales no es posible determinar lo que exige el «arte» correspondiente en el ámbito humano. Y a la inversa: una moral contraria a las reglas del arte no es ella misma moral y, además, no puede subsistir en la realidad. La actual apelación a la ética está relacionada con la crisis de la moral en el contexto de la ética profesional y con el surgimiento de nuevas preguntas en tomo a la justicia.

De ahí el concepto de «ética aplicada» o «ética práctica». Tengo ciertos reparos en relación con la idea que hay tras estos conceptos. En primer lugar, la limitación de la que ya he hablado, la reducción de la ética a cuestiones relativas a la justicia, esto es, a aquello que en cada caso debemos a otros y que de alguna manera es o debería ser justiciable. En el origen de esta limitación a lo jurídico acaso se encuentre la función práctico-profesional de la ética como teología moral al servicio de la confesión. La efectiva conducción cristiana de las almas mediante la predicación, la catequesis y la dirección personal era en cierto modo la continuación de la cura filosófica del alma de los antiguos. Pero la práctica de la penitencia tenía un carácter judicial. El sacramento de la penitencia es un proceso judicial que por lo general termina en la absolución, debido a la reparación que ya realizó Cristo. Pero primero ha de confirmarse la culpa. Aquí no se cultivan virtudes, sino que se condenan acciones. Aquí es precisa una casuística a imagen de la casuística jurídica. Y aquí rige el principio «in dubio pro reo», e «in dubio pro libertate», es decir un principio básicamente minimalista.

Por lo demás, poner la ética entera bajo el principio de justicia sólo era posible en ese lugar, donde toda vulneración de cualquier deber moral, también de los deberes hacia uno mismo, aparecía como vulneración de la justicia, a saber, de la justicia para con Dios, a quien hemos de rendir cuentas también por nosotros mismos, incluso principalmente por nosotros mismos. (Significativamente, de una ética etsi Deus non daretur por lo general desaparece completamente el capítulo de los deberes del hombre hacia sí mismo. Pues el hombre no puede ser a la vez el objeto y el destinatario de la responsabilidad hacia sí mismo, ya que cuando falta a esa responsabilidad, al mismo tiempo se dispensa de ella. Para cualquier vulneración de ese tipo es aplicable: «Volenti non fit iniuria»). De hecho, fuera de un contexto teológico no tiene sentido reducir la ética a una teoría de la justicia, en vez de entenderla como reflexión sobre la perfección humana.

(1) Ética a Nicómaco, 1137 a 16 y ss.
Terminología:
Volenti non fit iniuria: Quien consiente no puede alegar delito. Fuente: https://glosarios.servidor-alicante.com/derecho-romano/volenti-non-fit-iniuria
Lex artis –literalmente, “ley del arte”, ley artesanal o regla de la regla de actuación de la que se trate, se ha venido empleando para referirse a un cierto sentido de apreciación sobre si la tarea ejecutada por un profesional es o no correcta o se ajusta o no a lo que debe hacerse. Fuente: https://glosarios.servidor-alicante.com/etica/lex-artis
In dubio pro reo: Principio del proceso penal por el que en caso de duda el órgano judicial debe adoptar la opción más favorable al acusado. Fuente: https://glosarios.servidor-alicante.com/diccionario-juridico/in-dubio-pro-reo
In dubio pro libertate: En caso de duda, a favor de la libertad. Fuente: https://dej.rae.es/lema/in-dubio-pro-libertate
Etsi Deus no daretur: como si Dios no existiera. Etsi deus non daretur es una expresión latina, creada el 1625 por el filósofo holandés Ugo Grozio; sirve para afirmar que la ley natural es válida en sí misma, exista o no Dios. Fuente: https://it.wikipedia.org/wiki/Etsi_deus_non_daretur

lunes, 11 de noviembre de 2019

Ética sometida a protocolos

Sexto fragmento de la Conferencia pronunciada por Robert Spaemann en un Simposio de la Fundacion Siemens, en Munich, el 27 de mayo de 1997 titulada: Wie praktisch ist die Ethik? Publicada en en el libro de la editorial Eiunsa Robert Spaemann: Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar con el título ¿En qué medida es práctica la ética?


El agente relegado


En el sentido platónico la filosofía es un diálogo sin fin a lo sumo en la medida en que siempre hay nuevas maneras de poner en cuestión los conocimientos, pero no en el sentido de que los conocimientos mismos fueran de naturaleza hipotética.


continuación



Sólo una filosofía no hipotética podría ser práctica también para los no filósofos en el sentido de servirles de orientación. Pues la pregunta realmente práctica del no filósofo es, como ya hemos visto: ¿a qué filósofo pido consejo? Y esta pregunta antes la decidirán las habilidades retóricas que la competencia en la materia. Pero Platón señaló también en El Político la dificultad que consiste en que los hombres habrían de ser ya filósofos para distinguir a los filósofos de los pseudofilósofos, de los sofistas. Ambos son intelectuales. Y el pueblo se apoya preferentemente en aquéllos que responden a sus prejuicios y lo tienen contento.

Y esta es precisamente nuestra situación. La apelación a la ética tiene razones comprensibles. El conjunto de lo moralmente obvio se reduce: en primer lugar, porque las condiciones de vida han cambiado tanto y las posibilidades técnicas se han ampliado tanto que las reglas tradicionales propias de cada oficio o profesión a menudo ya no sirven, pero en parte también porque la validez de las convicciones éticas fundamentales en las que se basan dichas reglas ha perdido su carácter de obvia. «Quien duda que haya que honrar a los dioses y amar a los padres», escribe Aristóteles, «no merece argumentos sino una reprimenda» (1). Pero, ¿qué sucede cuando lo obvio es puesto obstinadamente en cuestión, sobre todo si las excepciones, como suele decirse, no confirman la regla, sino que son utilizadas de forma sistemática para derribar la regla? Entonces se apela a los filósofos morales, que, ejercitados en la reflexión sobre cuestiones fundamentales, a partir de principios éticos deberán desarrollar nuevas reglas para la acciónCuriosamente, rara vez se busca hoy a los filósofos para que respondan aquella pregunta que en la Antigüedad se les formulaba casi en exclusiva, la pregunta acerca de cómo se debe vivirPrecisamente esta pregunta, a saber, en qué consiste una praxis vital lograda, se considera por lo general que no es susceptible de respuesta cierta.


Respuesta cierta pueden tener a lo sumo las opiniones sobre cómo se pueden provocar estados de satisfacción subjetiva. Pero estas cuestiones no son éticas, y en cualquier caso a quienes compete responderlas es a los psicólogos. En último término se trata de preguntas técnicas, preguntas acerca de los métodos para el dominio íntimo de la naturaleza. Según esta concepción, el trato del hombre consigo mismo queda fuera del ámbito de la ética, y el trato con los demás sólo cae dentro de ese ámbito cuando se les exige algo a lo que no acceden de manera espontánea. Por eso se rechaza también, a fortiori, una función orientadora de las autoridades religiosas en este terreno, mientras que se les solicita dicha orientación cuando se trata de cuestiones acerca del orden social, esto es, cuestiones sobre la justicia. Y en la medida en que el reconocimiento de las autoridades religiosas desaparece, se apela, en relación a esas mismas cuestiones, a los filósofos morales.

En rigor, en esta concepción lo ético se reduce a cuestiones de la justicia: pero no en el sentido de la justicia en cuanto virtud sino en cuanto norma objetiva de acción. La pregunta no es: «¿Cómo es un hombre justo?», para a partir de ahí deducir cómo son las acciones justas, sino al contrario: el filósofo debe decir qué condiciones han satisfacer las acciones para ser justas, esto es, para que procuren «a cada uno lo suyo». El objetivo de este asesoramiento filosófico, por tanto, no es tampoco en realidad el agente y la salud de su alma, sino aquél a quien afecta la acción. El asesinato se considera malo porque hay un muerto. Los antiguos habrían dicho: muertos los hay ya de todas formas constantemente. Lo malo del asesinato no es que por él haya muerto alguien, sino que alguien ha hecho de sí mismo un asesino. Este es el sentido de la distinción de Aristóteles entre poiesis y praxis, entre el hacer y el actuar. La filosofía moral clásica se interesaba más por el lado práctico de la vida que por el poiético: no por lo que uno hace en el mundo sino por lo que se hace a sí mismo cuando hace algo en el mundo.

(1) Aristóteles, Tópicos, I, 11, 105 a
*Terminología:
A fortiori es una locución latina que significa ‘con mayor motivo’. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/A_fortiori
Poiesis es un término griego que significa ‘creación’ o ‘producción’, derivado de ποιέω, ‘hacer’ o ‘crear’.
Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Poiesis
Praxis (del griego antiguo πρᾱξις = práctica) significa acción.
Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Praxis

jueves, 7 de noviembre de 2019

¿Compensa actuar bien?

Quinto fragmento de la Conferencia pronunciada por Robert Spaemann en un Simposio de la Fundacion Siemens, en Munich, el 27 de mayo de 1997 titulada: Wie praktisch ist die Ethik? Publicada en en el libro de la editorial Eiunsa Robert Spaemann: Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar con el título ¿En qué medida es práctica la ética?


Influencia política de la filosofía


Quien realmente sabe no precisa de ninguna fortaleza para perseverar en este conocimiento. El conocimiento es de tal manera uno con el conocedor, que la amenaza o la tentación nada pueden contra él...  Conocer el bien y hacer el bien son, por tanto, una y la misma cosa.


continuación



De igual manera -platónicamente- se puede decir: «Quien conoce el bien, actúa bien»; y a la inversa: «Mientras alguien no quiere el bien, no puede conocerlo». En todo caso, en el buen Estado para la mayoría son suficientes, para que los hombres actúen bien, la moral y las convicciones, por un lado, así como por otro las leyes, que vienen a apoyar a la moral. En todo esto es importante tener presente que para los griegos el bien equivale a lo provechoso, a lo útil y a lo que colma al hombre. Lo que nosotros llamamos «lo moralmente bueno», se dice en griego «lo bello». Toda la discusión de Platón con los sofistas gira en tomo a la cuestión de si lo bello es también bueno. Sólo los filósofos saben de esa identidad, por así decirlo, by acquaintance. Para el resto ha de establecerse una conexión externa entre ambas cosas. El buen Estado es aquél Gen el que está establecida esa conexión y actuar bien es recompensado: para los nobles, los vigilantes, mediante el honor; para los menos nobles, mediante el dinero y el placer, por medio de beneficios materiales y sensibles.

Si bien Platón propuso que los filósofos deberían gobernar el Estado, consideraba que la realización de esta propuesta era extremadamente improbable (1). Mientras eso no se produzca, la filosofía sólo para el propio filósofo será «práctica». Él vivirá rectamente también en el mal Estado; y si esto le cuesta la vida, tampoco eso son costes externos que hayan de ser sopesados con la vida buena, puesto que no contemplar la muerte como un mal forma parte de la vida buena. La filosofía siempre fue también ars moriendi. Con todo, ante la imagen del justo crucificado, que sus amigos le oponen, Sócrates no logra establecer por completo la identidad bajo condiciones empíricas -por decirlo en palabras de Kant- de lo bello y lo bueno, del ser digno de la felicidad y la felicidad misma. La evidencia de esta identidad, junto con la no identidad empírica del ser bueno y el ser feliz, hace en consecuencia surgir la esperanza de que esa identidad se dará tras la muerte. 

¿En qué medida es práctica la ética? En Platón, al igual que en los estoicos, no hay ética alguna sino sólo la filosofía. Esta es inmediatamente práctica para el filósofo mismo. Pues la filosofía es una bios, una way of life. Esto presupone un concepto de filosofía dotado ya de contenido. Los filósofos no son gente que haya adquirido determinados conocimientos históricos sobre otros filósofos y determinadas técnicas formales, si bien ambas cosas forman parte del currículum del filósofo. En el sentido platónico la filosofía es un diálogo sin fin a lo sumo en la medida en que siempre hay nuevas maneras de poner en cuestión los conocimientos, pero no en el sentido de que los conocimientos mismos fueran de naturaleza hipotética.

(1) Spaemann, R., Die Philosophenkönige, en Hoffe, O. (ed.), Platon. Politeia. Klassik auslegen, vol. 7, Berlin, 1997, pp. 161-178
*Terminología:
by acquaintance: por conocido
ars moriendi: el arte de morir
bios: vida
way of life: estilo de vida





domingo, 3 de noviembre de 2019

Conocimiento del bien

Cuarto fragmento de la Conferencia pronunciada por Robert Spaemann en un Simposio de la Fundacion Siemens, en Munich, el 27 de mayo de 1997 titulada: Wie praktisch ist die Ethik? Publicada en en el libro de la editorial Eiunsa Robert Spaemann: Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar con el título ¿En qué medida es práctica la ética?


Actuar en consecuencia


Quien quiere hacer la aplicación de una regla objeto de una nueva regla cae en un regressus in infinitum...


continuación



En las historias de la filosofía es habitual encontrar como «error socrático» (1) la idea de que el conocimiento teórico de lo que es «bueno» tiene forzosamente como consecuencia un buen actuar. Todo mal se basaría por tanto en un error sobre el bien. Más correcto es formular la concepción de Platón a la inversa: el conocimiento del bien no es en absoluto un conocimiento puramente teórico, sino que se distingue de la opinión racional sobre el mismo objeto en que la convicción es ya por completo indisociable de quien la posee, en que, por consiguiente, no es ya «puramente teórica».

Un argumentum e contrario (2) al respecto es la definición de la «megiste amathia», la «gran ignorancia», en Las Leyes (3). Se dice ahí que la ignorancia es la «no coincidencia de placer o displacer con la convicción racional». El conocimiento sería por tanto la coincidencia de placer o displacer con esa convicción. Y es que no puede ser de otra manera. Pues el conocimiento se diferencia de la doxa (4) en que tiene un fundamento.

El fundamento último es, para Platón, aquel que puede poner todos los contenidos en relación con el bien, pues el bien es, como se dice en La República, «fundamento de la realidad y la cognoscibilidad de las cosas» (5). Por lo tanto, no puede haber un fundamento ni fundamentación posible del bien. El conocimiento del bien no puede ser una doxa fundamentada, sino sólo aquella doxa que ha borrado todo atisbo de apariencia de que el bien podría tener cualquier contenido particular que pudiera ser relativizado con respecto a algo distinto, el placer o displacer por ejemplo.

Así, por ello, quien antepone el placer al bien sufre una ilusión óptica. En la práctica está tomando el bien sólo por un bien parcial, es decir, por un bien que tiene un precio que puede ponerse en una balanza frente al valor del bien. Sólo tiene conocimiento del bien quien ha entendido que el bien no tiene coste externo alguno frente al cual pudiera ponerse en una balanza. Mientras alguien todavía piense que ha de sacrificar algo por el bien, algo de valor inferior pero aún valioso, por ejemplo un beneficio o un placer, habita todavía en la caverna de la apariencia.

Por otra parte, con esto se soluciona también la aparente contradicción que hay en que Platón, por un lado, identifique la virtud con el conocimiento, pero que luego, al contrario que los estoicos, admita una pluralidad de virtudes. La pluralidad de virtudes vale para los que todavía habitan en la caverna de la apariencia, y para éstos -que son la mayoría- la virtud no es conocimiento. Esto se hace particularmente claro en la definición de Platón de la fortaleza como la «perseverancia en la convicción racional sobre lo que uno ha y no ha de temer» (6). En la medida en que se trata aquí sólo de una convicción y no de un conocimiento, la persona tiene la posibilidad de apartarse de esa convicción. Para no hacerlo en situaciones de amenaza o tentación, precisará de un hábito específico, justamente la fortaleza, la andreia.

Quien realmente sabe no precisa de ninguna fortaleza para perseverar en este conocimiento. El conocimiento es de tal manera uno con el conocedor, que la amenaza o la tentación nada pueden contra él. La amenaza me puede llevar a negar mi conocimiento. Pero si en determinada situación la negación del conocimiento contradice el bien y yo tengo asimismo un conocimiento del bien, eso significa lo siguiente: no temo la amenaza. Pues que alguien considera algo temible se muestra en que se asusta, o también en que permite que el temor determine su acción. Conocer el bien y hacer el bien son, por tanto, una y la misma cosa.

(1) El error socrático consiste en convertir la verdad en aquello que se ajuste a las regias lógico-racionales y en considerar falso lo que las contradiga. Fuente: https://www.apuntes.com/filosofia/nietzsche-ontologia-2
(2) Al decidir razonar por analogía, se puede seguir otro modo legal de razonamiento, el llamado argumento e contrario.
(3) Platón, Las Leyes, 689 a 8
(4) Términos griegos:
Andreia: Fortaleza. Valor o bravura.
Doxa: Opinión, creencia o juicio
Fuente: http://terminosgriegosdefilosofia.blogspot.com/2012/07/glosario-de-terminos-griegos-en.html
(5) Platón, La República, 509 b 5
(6) Platón, La República, 429 b 6

miércoles, 30 de octubre de 2019

Predicar la ética

Tercer fragmento de la Conferencia pronunciada por Robert Spaemann en un Simposio de la Fundacion Siemens, en Munich, el 27 de mayo de 1997 titulada: Wie praktisch ist die Ethik? Publicada en en el libro de la editorial Eiunsa Robert Spaemann: Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar con el título ¿En qué medida es práctica la ética?


El riesgo de entrar en bucle

El origen de los fallos puede ser muy diferente: la curiosidad científica, la ambición, la negligencia, la desidia. Estas actitudes tienen una dimensión ética precisamente porque disminuyen el valor del hombre que se deja guiar por ellas. Pero para aquél que se ve perjudicado por las acciones de otros lo ético radica en cómo él se comporta ante esos perjuicios. Lo ético es lo práctico en sentido propio. No se trata ahí de las conexiones causales cuyo conocimiento estructura nuestro actuar, sino de la manera en que adquirimos tales conocimientos y de ellos pasamos a la acción.


continuación



Nos encontramos aquí una vez más con la dualidad de lo correcto y lo erróneo, pero ahora no como lo verdadero y lo falso, lo adecuado y lo inadecuado, sino como lo bueno y lo malo

La ética filosófica trata de explicar de manera teórica el sentido de esta distinción y llenarla de contenido, esto es, trata de determinar qué sentimientos, actitudes y contenidos de la acción han de ser considerados buenos y cuáles malos. ¿En qué se puede apoyar en este intento? ¿Cuál es la relación de esta reflexión sobre la praxis con la praxis misma? ¿Puede la ética orientar la praxis? ¿Puede decirnos lo que debemos hacer? El caso es que no hay algo así como la ética; hay profesores de ética. Y la pregunta, por tanto, ha de rezar más bien como sigue: ¿pueden los profesores de ética decir a otras personas lo que deben y no deben hacer? Y en caso afirmativo, ¿qué profesores de ética? A menudo profesores de ética diferentes aconsejan cosas contrapuestas, de tal modo que lo ético, en determinadas circunstancias, reside en realidad en elegir quién va a ser nuestro consejero

De nuevo la ética parece un diálogo infinito que permanece inconmensurable con lo que hay que hacer aquí y ahora. Quizá conozcan la «tortuga lógica» que ideó Lewis Carroll (1). Dos interlocutores, digamos que Pedro y Luisa, discuten sobre si es el caso que «y». Luisa cree que «sí», Pedro que «no». Luisa consigue que Pedro admita «y» si se le demuestra que es el caso que «x». Entonces Luisa muestra que es el caso que «x», lo cual admite Pedro. Bien, dice Luisa, entonces ahora admitirás también «y». Pedro replica: «¿Por qué?». A lo que Luisa responde: «Has mostrado tu acuerdo con que “si x, entonces y”. Has admitido que “x”. Luego ahora has de admitir que “y”». Pedro responde: «¿Por qué he de hacerlo?, ¿con base en qué regla?». Luisa: «¿No está ya claro que de la conjunción de la proposición “si x, entonces y” y la proposición “x” se deduce: “y”, [((x>y)^x)>y]?». Sí, eso está claro, dice Pedro. Bien, entonces, concluye Luisa, si admites esto y has admitido ya que de hecho «x», ahora tendrás que admitir «y». ¿Por qué?, dice Pedro. ¿Con base en qué regla? Ahora vemos que Aquiles nunca puede alcanzar a la tortuga.

Quien quiere hacer la aplicación de una regla objeto de una nueva regla cae en un regressus in infinitum. Puede devolver el Pedro negro (2) una y otra vez a la teoría. La exhortación: «Actúa según esta o aquella regla, pues lo que regula es tu caso», no pertenece ya a la teoría. El profeta Natán bien puede decir a David: «Tú eres ese hombre», pero asentir y decir: «He pecado» es una libre decisión de David. (3)

* Regressus in infinitum: Proceso de regresión sin final. Fuente: http://wiki.ufm.edu/chh/index.php/Regressus_in_infinitum 
(1) Lewis Carroll: Lo que la tortuga le dijo a Aquiles. Cuento completo en: https://ciudadseva.com/texto/lo-que-la-tortuga-le-dijo-a-aquiles/
(2) El Schwarzer Peter (Pedro negro) es un juego infantil de cartas. Es también el nombre que en el juego recibe la carta que todos tratan de evitar.
(3) Se refiere a la reprensión del profeta Natán al rey David por haber seducido a Betsabé y propiciado la muerte de su esposo Urías. El fragmento de la Biblia al que corresponde se encuentra en el 2 libro de Samuel, capítulo 12, versículos 1 a 14. Se puede consultar en: https://www.bibliatodo.com/la-biblia/Nacar-colunga/2samuel-12

domingo, 27 de octubre de 2019

La actitud es determinante

Segundo fragmento de la Conferencia pronunciada por Robert Spaemann en un Simposio de la Fundacion Siemens, en Munich, el 27 de mayo de 1997 titulada: Wie praktisch ist die Ethik? Publicada en en el libro de la editorial Eiunsa Robert Spaemann: Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar con el título ¿En qué medida es práctica la ética?


De la teoría a la práctica


En lo que a la praxis se refiere es indiferente en qué nivel de reflexión se hallaba el consejo erróneo que siguió el agente. Quizás el correcto se hallaba en un nivel de reflexión más bajo. Concedido, se puede objetar, pero en tal caso el discurso reflexivo finalmente lo descubrirá y asumirá. Antes, apenas puede uno distinguir el correcto del erróneo. Esta objeción está justificada siempre que se refiera a la corrección en sentido técnico y a la ciencia que la examina. Si nos fijamos un poco más veremos que esta corrección no es en realidad práctica sino teórica; a saber, la corrección de un supuesto sobre relaciones causales; es decir, sobre lo que uno tiene que hacer si quiere alcanzar determinado objetivo. Se trata aquí de los así llamados «imperativos hipotéticos» en sentido kantiano.


continuación



Muchas personas tienen a la ciencia por la única o, cuando menos, la mejor manera de asegurarse de esa corrección. Bajo ese punto de vista, quien se equivoca debido a un error científico está en todo caso disculpado. Ha actuado a su mejor entender. Otras personas no lo creen así. No consideran cierto que, por ejemplo, la medicina o la psicología científicas dispongan de procedimientos de comprobación para poder decidir de forma definitiva sobre la corrección de todas las convicciones adquiridas de otra manera.

A este respecto también Descartes era extremadamente escéptico. De todos modos, pensaba que algún día la ciencia dispondría de tales procedimientos, pero una vez estuviera concluida. Antes de eso se basa en el trial and error. Por eso, en opinión de Descartes, tenemos que dotarnos de reglas morales que nos hagan no depender del «estado de la ciencia» en cada momento. Este es el sentido de la denominada «moral provisional». En realidad esta moral no es provisional. Es más bien el intento de, en vista de una ciencia aún provisional, hacer algo que es correcto en un sentido no sólo provisional, esto es, hacer lo mejor posible. En la medida en que no creamos ya en la ciencia conclusa, nuestra moral, si seguimos a Descartes, se volverá siempre hasta cierto punto independiente del estado de la ciencia.

El problema radica ahí en la inconmensurabilidad de teoría y praxis. Y ésta puede expresarse mediante la fórmula: «Ars longa, vita brevis» (1). Las proposiciones que quieren expresar una verdad son revisables. Toda cuestión ya decidida se puede volver a poner en discusión. En el largo camino que lleva al descubrimiento de la verdad los errores son funciones del ars longa. No es revisable el hecho de que una vez se expresó determinada proposición. No son revisables las acciones en cuanto parte de la vita brevis. Las proposiciones teóricas interpretan una realidad que sin esa interpretación ya es como es. 

Las acciones ponen tal realidad. Un error médico es una etapa en el largo camino de la ciencia médica. La acción que se sigue de él puede dañar una vida para siempre, o acabar con ella. Los errores teóricos no son en realidad defectos. Según Popper, en el proceso de adquisición del conocimiento científico incluso se deben contrastar en lo posible las hipótesis improbables. El médico -no en cuanto investigador sino en cuanto médico- no puede atenerse a esta regla. Ha de tratar de evitar los fallos, siguiendo la máxima «Nil nocere» (2). Al igual que el ingeniero, el pedagogo, el jurista, el asistente espiritual.

El origen de los fallos puede ser muy diferente: la curiosidad científica, la ambición, la negligencia, la desidia. Estas actitudes tienen una dimensión ética precisamente porque disminuyen el valor del hombre que se deja guiar por ellas. Pero para aquél que se ve perjudicado por las acciones de otros lo ético radica en cómo él se comporta ante esos perjuicios. Lo ético es lo práctico en sentido propio. No se trata ahí de las conexiones causales cuyo conocimiento estructura nuestro actuar, sino de la manera en que adquirimos tales conocimientos y de ellos pasamos a la acción.

(1)Ars longa vita brevis es una cita de Hipócrates que significa "El arte (el conocimiento, la habilidad, la destreza) es larga (de aprender), pero la vida es breve". Esta expresión se emplea para indicar que cualquier tarea importante requiere mucho esfuerzo y dedicación; pero la vida de quien la emprende es corta. La frase completa es: “Vita brevis, ars longa, occasio praeceps, experimentum periculosum, iudicium difficile”. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Ars_longa,_vita_brevis

(2) La expresión latina primum nil nocere o primum non nocere se traduce en castellano por "lo primero es no hacer daño". Se trata de una máxima aplicada en el campo de la medicina, fisioterapia y ciencias en salud, frecuentemente atribuida al médico griego Hipócrates. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Primum_non_nocere


miércoles, 23 de octubre de 2019

Practicidad de la ética

Primer fragmento de la Conferencia pronunciada por Robert Spaemann en un Simposio de la Fundacion Siemens, en Munich, el 27 de mayo de 1997 titulada: Wie praktisch ist die Ethik? Publicada en en el libro de la editorial Eiunsa Robert Spaemann: Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar con el título ¿En qué medida es práctica la ética?


Sentando las bases

Hegel
El actual boom de la ética es sospechoso. Parece justificar a posteriori a Heidegger, que mantuvo la ética fuera por completo de su canon de enseñanza. Y también a Hegel. «Amor fati est principium philosophiae moralis» (1). Esta tesis de habilitación de Hegel no permite esperar ninguna enseñanza específica acerca de lo que se ha de hacer en una situación determinada.

Según una antigua expresión, lo moral es aquello que se entiende por sí mismo. Quien, con ánimo de crítica o apologético, reflexiona sobre esa evidencia y la tematiza, acaba con ella. «Toda palabra pronunciada suscita su contraria» (Goethe). La equiparación de Hegel de moralidad con costumbre racional, en la que lo que uno debe y no debe hacer tiene ya realidad, se basa en esa visión; al igual que la condena de Kant del «sutilizar» en asuntos morales. Pero quien se mantiene dentro de lo obvio no parece que esté haciendo filosofía. Renuncia al cumplimiento discursivo de sus pretensiones de validez, que no obstante todo el mundo formula, también el relativista.

Formalmente el relativismo es también una forma del universalismo europeo; probablemente, incluso, aquélla en la que éste se aleja con más arrogancia del consenso moral de todas las épocas y culturas. Se puede considerar que la tarea de la filosofía consiste en desarrollar los fundamentos axiomáticos de ese consenso y reclamar para ellos algo así como «evidencia». Pero esta pretensión, una vez haya sido elevada formalmente, dará de inmediato lugar a nuevas controversias, sobre todo porque desde Descartes la evidencia misma no vale ya como criterio de verdad inapelable. Podría tratarse de idiosincrasias del género humano, ya sea con o sin genius malignus (2). Desde entonces, lo filosófico no radica ya en apelar a tal evidencia sino, en todo caso, en la justificación de esa apelación.
Dieter Henrich

La filosofía se convierte así en un discurso que no puede tener conclusión; y cuyo contenido son, por cierto, según expresión de Dieter Henrich, «ideas conclusas». Pero estas ideas conclusas no concluyen nada, sino que son momentos dentro de un discurso que produce nuevas ideas conclusas. ¿Puede ese discurso orientar la praxis? Descartes creía que no.

En lo que a la praxis se refiere es indiferente en qué nivel de reflexión se hallaba el consejo erróneo que siguió el agente. Quizás el correcto se hallaba en un nivel de reflexión más bajo. Concedido, se puede objetar, pero en tal caso el discurso reflexivo finalmente lo descubrirá y asumirá. Antes, apenas puede uno distinguir el correcto del erróneo. Esta objeción está justificada siempre que se refiera a la corrección en sentido técnico y a la ciencia que la examina. Si nos fijamos un poco más veremos que esta corrección no es en realidad práctica sino teórica; a saber, la corrección de un supuesto sobre relaciones causales; es decir, sobre lo que uno tiene que hacer si quiere alcanzar determinado objetivo. Se trata aquí de los así llamados «imperativos hipotéticos» en sentido kantiano.


(1) Amor fati est principium philosophiae moralis (El amor al destino es el principio de la filosofía moral). Hegel realizó doce tesis de habilitación. La décima se titula Principium scientiae moralis est reverentia fato habenda (El principio de la ciencia moral es la reverencia al destino dado) que es a la que debe referirse Spaemann. Fuentes: http://contuberniocanibal.blogspot.com/2010/05/12-tesis-de-habilitacion-hegel.html y http://foro-spaemann.blogspot.com/2019/06/respuesta-lo-incontrolable.html
(2) La hipótesis del genio maligno es un recurso argumentativo propuesto por René Descartes en las Meditaciones metafísicas. Con él Descartes culmina la duda metódica, que adquiere así la máxima radicalidad. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Hip%C3%B3tesis_del_genio_maligno