Autotrascendencia
Del mismo modo que, para Aristóteles, aislar a una "naturaleza" individual autosuficiente y a sus facultades es hacer abstracción de la naturaleza social del hombre -naturaleza a la que siempre pertenece la amistad-, así, para Santo Tomás, aislar una natura pura es una abstracción de la naturaleza religiosa del hombre, una naturaleza que conduce a la "amistad con Dios".

Pero la autotrascendencia de la naturaleza humana está en analogía con la superación de la situación de carencia en la que el hombre se encuentra en tanto que ser natural mediante las manos y la razón, lo que ya era un tópico antiguo. La estructura fundamental de esta idea es que la naturaleza produce en el hombre algo que es más que naturaleza ("nobilior", lo llama Santo Tomás). El hombre no es este más; es el ser en el que la naturaleza se supera a sí misma en dirección a este más. "L'homme trascend infiniment l'homme", dirá Pascal.

Pero esta superación de sí mismo está basada en la constitución teleológica de la propia naturaleza, para la que valen los axiomas "omne ens est propter suam propriam operationem" y "omne agens agit proter finem". Pero el ultimus finis del movimiento de todos los seres es "ut consequantur divinam similitudinem" * (17). También esto puede leerse ya en Aristóteles. La methexis ("la participación en lo eterno y divino") es el fin al que tienden todas las cosas y por el que hacen lo que su naturaleza les permite hacer (18). Pero sólo del hombre puede decirse que "homo est finis totius generationis" (19), porque sólo él puede tematizar expresamente ese fin como su propio fin. Sólo el hombre, en la medida en que supera a la naturaleza, la recoge en cierta manera para sí mismo. Sólo a él se le hace manifiesto lo que la naturaleza es propiamente, porque sólo en la estructura de su libre querer se abandona la ambigüedad del como-sí, al aparecer como voluntad libre y como libre reconocimiento de un fundamento y un fin que no están puestos por él mismo.

En la Edad Media tardía -por motivos de los que no vamos a ocuparnos-, esta visión "extática" de la naturaleza se vuelve incomprensible. Apelando a Aristóteles, los escolásticos tardíos -y precisamente los tomistas- volvieron a la idea de la autosuficiencia necesaria de la naturaleza que Santo Tomás había rechazado expresamente en la mencionada quaestio de la Summa theologica. Así escribe Silvestre de Ferrara: "si Dios fuera el fin natural, es decir, el fin al que tiende la naturaleza, pero si por otra parte sólo fuera alcanzable de modo sobrenatural, esto significaría que la naturaleza habría orientado a su sujeto a un fin que éste no podría alcanzar por sí mismo. Ahora bien, una aspiración que estuviera en toda la naturaleza, pero que de ningún modo pudiera ser llevada a plenitud por ella misma, surgiría inútilmente en la naturaleza... No tiene ningún sentido que se aspire a algo por medio de un impulso natural -la única forma de tendencia natural- y que sin embargo el hombre no pueda alcanzar ese fin mediante una capacidad natural. Puesto que la naturaleza por sí misma sólo tiene inclinaciones dentro de los límites de la naturaleza" (20).
Todos los tomistas del siglo XVI citan, en lugar de la frase de Aristóteles "lo que podemos a


Pero este movimiento de des-teleologización no se detiene aquí. Con Rousseau la razón se convierte en un epifenómeno tardío de la naturaleza originariamente irracional de un ser vivo instintivamente abierto y, cien años más tarde, la vida se convierte en un epifenómeno de las macroestructuras moleculares. Este proceso de des-teleologización lleva consigo un espectacular aumento de nuestro conocimiento. El camino de la "reconstrucción" de nuestra génesis nos permite penetrar con mayor claridad en las leyes estructurales de la vida. Pero "quien todo lo penetra, no ve nada" (C.S.Lewis). No comprendemos mejor la más simple de las fórmulas matemáticas por poseer una hipótesis plausible sobre la evolución de nuestro cerebro. Y si definimos el conocimiento como la capacidad de adaptación de un organismo, esto nos conduce a un círculo vicioso. Pues ¿qué verdad encierra esta tesis? ¿Un valor de supervivencia? Y ¿cuál es la verdad de esta afirmación? ¿También un valor de supervivencia?, etc, etc.

Tiene sentido decir que la verdad sirve para la supervivencia. Pero esta afirmación, a su vez, sólo tiene sentido si no hemos definido la verdad en función de la supervivencia. La crítica de Husserl y Frege al psicologismo en la Lógica debería ser hoy una lectura obligatoria para todos los que se ocupan de las teorías generales del conocimiento. Por cierto que ni uno ni otro pudieron superar el dualismo. Más bien lo agudizaron. No se dieron cuenta del hecho evidente de que tenía que haber surgido un ser pensante antes de que pudieran pensarse pensamientos verdaderos. No facilitaron la solución del problema, sino que hicieron la tarea más difícil.
(17) Tomás de Aquino, Summa contra gentes, 111, 22.
(18) Aristóteles, De anima, 415 b.
(19) Tomas de Aquino, obra citada
(20) Silvestre de Ferrara, Opera, Venecia 1535, 1, pp. 39-41.
*Expresiones latinas:

(19) Tomas de Aquino, obra citada
(20) Silvestre de Ferrara, Opera, Venecia 1535, 1, pp. 39-41.
omne ens est propter suam propriam operationem Cada ser es por el bien de su correcto funcionamiento
omne agens agit proter finem Cada agente obra por un fin
ut consequantur divinam similitudinem Para lograr la semejanza divina
homo est finis totius generationis El hombre es el fin de todas las generaciones
** epifenómeno.
Del gr. ἐπιφαινόμενον epiphainómenon 'lo que aparece a continuación'.
1. m. Psicol. Fenómeno accesorio que acompaña al fenómeno principal y que no tiene influencia sobre él.
omne agens agit proter finem Cada agente obra por un fin
ut consequantur divinam similitudinem Para lograr la semejanza divina
homo est finis totius generationis El hombre es el fin de todas las generaciones
** epifenómeno.
Del gr. ἐπιφαινόμενον epiphainómenon 'lo que aparece a continuación'.
1. m. Psicol. Fenómeno accesorio que acompaña al fenómeno principal y que no tiene influencia sobre él.
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