jueves, 23 de junio de 2016

Progreso y progresos

Fragmento de la entrevista de Christian Geyer y Carlos Gebauer a Robert Spaemann para el periódico Die Welt con el título Una crítica a la indiferencia ante la vida. Reproducida en la revista Nuestro Tiempo nº 407, Pamplona, mayo 1988. Traducción: Manuel Rico.

-Usted ha dicho alguna vez que "en vez de hablar de progreso en singular habría que hablar de progresos en plural", ¿qué quiere decir con ello?

-Hay progresos que son avances y hay progresos que son retrocesos. Algunas mejoras se consiguen por medio de deterioros tan grandes que ese progreso no merece la pena. Por eso yo soy partidario de que se concrete el sentido del término progreso, que se pregunte: ¿es esto un empeoramiento o una mejora? Y no que se atonte a la gente con la palabra mágica progreso en singular, sin que se pueda preguntar: "si, progreso, ¿pero hacia dónde?". Yo, por tanto, abogo por una vuelta a juicios razonables de los progresos en plural, y no estoy en contra de cualquier progreso posible.

-¿Cómo se explica usted que "los Verdes" no lo hayan elegido todavía como uno de sus filósofos principales? Puntos en común existirían suficientes.

-Creo que los Verdes, en sus comienzos, se hicieron eco de problemas importantes, y no creo que sea negativo que exista hoy este movimiento ya que, en parte, han hecho despertar a los partidos establecidos. De todos modos, los Verdes mezclan sus respuestas a las cuestiones ecológicas con un programa político que, en mi opinión, no es razonable y que, en parte, empeora el mal que combate. Ellos han puesto, por una parte, bajo su bandera el trato responsable y ahorrativo con los recursos de la naturaleza, y por otro lado, continúan con el programa de emancipación de los últimos doscientos años, e incluso lo aumentan; un programa que fue precisamente el que trajo dicha destrucción.

-¿Podría ponernos un ejemplo?

-La demanda de permitir la posibilidad de abortar, bajo los condicionantes que sean, hasta el noveno mes de embarazo está en grotesca contradicción con su programa de reconciliación con la naturaleza. Estamos ante un campo donde terminan las ponderaciones de deber: nunca está permitido matar a una persona inocente. El que quiere aprovechar el legítimo derecho de autodeterminación de la mujer contra la necesaria protección de la vida del no-nacido está pidiendo claramente: "Yo quiero poder decir si puedo matar a mi hijo o no". Pero esto es un absurdo. Si de repente alguien abandona un bebé en mi casa al que yo no deseo en absoluto, no por ello puedo tirarlo al cubo de la basura. El bebé está ahí y yo tengo la obligación de cuidarlo.

-Con esta comparación está dando por sentado que la persona lo es desde el momento de su concepción.

-La biología moderna sabe que existe una estricta evolución continuada desde el comienzo de la persona. Cada corte que usted haga es arbitrario. Igual de arbitrario tras el primer mes, que tras la primera semana o que tras el primer minuto. Y si ese corte lo realiza alguna vez en el principio, inmediatamente lo hará también al final. La reivindicación de la eutanasia ya vuelve a estar sobre la mesa. La procreación natural y la muerte natural son las únicas fronteras, todo lo demás es tiranía.

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