miércoles, 20 de julio de 2016

¿Es la Iglesia católica fundamentalista?

Fragmento de la entrevista de Jaime Antúnez Aldunate, director del suplemento Artes y Letras de El Mercurio (Santiago de Chile), a Robert Spaemann publicada por la agencia periodística Aceprensa con el título La resaca del relativismo el 17 de noviembre de 1993.

La acusación de fundamentalismo

- En este marco de realidades sociales, la caída de las ideologías ha dotado a la Iglesia de un nuevo poder de atracción, o si se quiere también, la ha colocado en otro foco de debate: es la última instancia susceptible de enseñanza global y coherente que hoy queda, en un contexto dominado por el relativismo. ¿Proviene también de ahí la acusación de fundamentalismo que dirigen ciertos medios contra ella?

- Hoy la palabra fundamentalismo se ha convertido en una muletilla insultante. En la Iglesia, los liberales progresistas llaman fundamentalista a todo cristiano ortodoxo. Yo creo que no hay que dejarse impresionar por esta nueva utilización del término, porque el fundamentalismo, en su origen, es un movimiento protestante, cosa bastante comprensible, ya que el protestantismo carece de criterio para discernir una evolución legítima de la Iglesia, de la doctrina cristiana, en un desarrollo que se aleja de los orígenes históricos del cristianismo. El catolicismo cuenta con ese criterio porque tiene un magisterio. Por consiguiente, la función del magisterio consiste en hacer esa distinción entre una evolución legítima y una ilegítima.

En cambio, sin un magisterio, el desarrollo puede tomar cualquier rumbo, apartándose de los fundamentos, y así hay que recurrir en todo momento a los textos originales de la Biblia, donde cada interpretación ya es sospechosa, porque no sabemos si nos está alejando o no del texto. Si se piensa, es una situación en realidad imposible, porque cada lectura es interpretación. Sólo el catolicismo cuenta, pues, con una instancia, una institución que puede controlar las interpretaciones.

Hoy algunos acusan al magisterio de la Iglesia de ser fundamentalista, lo cual es absurdo a la luz de lo anterior. Lo que se quiere decir con eso, en realidad, es que la Iglesia no se adapta suficientemente al mundo no cristiano, esto es, que sigue habiendo una diferencia entre la fe y la incredulidad. En boca de quienes utilizan así esta terminología, en el fondo todo creyente es un fundamentalista. Me parece que la atracción que ejerce la Iglesia en la situación actual, proviene del hecho de que no hace falsas interpretaciones de la llamada conciencia moderna. Y esto me hace recordar a un gran creador de aforismos en quien leí hace poco lo siguiente: "Si una Iglesia no muestra la espalda al mundo, el mundo mostrará la espalda a dicha Iglesia".

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