El propósito de este blog es difundir el pensamiento del filósofo alemán Robert Spaemann.
lunes, 10 de febrero de 2020
El estímulo de la pulsión
Séptimo fragmento de la Conferencia pronunciada por Robert Spaemann en Hannover, el 12 de noviembre de 1977 titulada: Naturteleologie und Handlung*. Publicada en el libro de la editorial Eiunsa Robert Spaemann: Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar con el título Teleología natural y acción.
Sistematización de los procesos
El equivalente de la regularidad en los enunciados causales es la normalidad en los enunciados teleológicos. Así, por «salud» entendemos normalidad, también cuando decimos que la mayor parte de la gente está enferma. La normalidad no es un concepto estadístico. No porque a todo el mundo le duela algo es «normal» tener dolor. continuación
La conclusión que cabe extraer es probablemente la siguiente: el concepto de fines naturales se mueve en una zona poco definida entre el concepto de un resultado que sólo desde fuera cabe juzgar como útil para la conservación del sistema, por un lado, y el concepto de un propósito consciente de acciones, por otro. Fines -así reza el argumento antiteleológico usual- sólo puede haberlos para un actuar que los establezca (18). Pero eso no es correcto. Antes bien, al actuar le subyace una experiencia directa de teleología natural, a saber, la experiencia de la pulsión. Sólo podemos desarrollar propósitos si ya encontramos de antemano fines en nosotros en la forma de necesidades y pulsiones, estén mediadas natural o socialmente. A quien no se encuentra ya a sí mismo como deseante y volente, ni siquiera se le puede hacer inteligible la idea de fin. Sin duda, podemos interpretar las necesidades y las pulsiones como epifenómenos ** de una estructura sistémica que de esa manera experimenta un fortalecimiento. Pero con ello el problema no queda borrado del mapa. La teoría de sistemas está tan lejos de disfrutar de una primacía metodológica sobre la teoría de la acción que, antes bien, sin recurrir a la teleología no es articulable en modo alguno. Pues, ¿qué distingue los procesos mediante los cuales un sistema se reproduce, la persecución obstinada de un fin, de los procesos no direccionados? ¿Qué distingue a un termostato de un golpe de viento? Sólo la invariación de los correspondientes estados últimos. Ahora bien, invariación, identidad, es un punto de vista que nosotros llevamos a los resultados de procesos, y sólo gracias a él se convierten para nosotros en un sistema. Somos nosotros quienes comparamos los estados últimos y constatamos su igualdad. Y sólo a través de nuestra calificación se convierten los estados de procesos circulares en «estados últimos». Sólo en virtud de ello se convierte el sistema en sistema. Por esa razón es sistema para nosotros. Cuando suponemos que también es un sistema en sí, lo denominamos vivo y lo interpretamos teleológicamente. Pero, ¿qué significa «en sí»? ¿Puede significar otra cosa que «para sí», es decir, consciente? ¿No está la teleología vinculada precisamente al actuar consciente? Sí, pero como una condición natural de su posibilidad. El sujeto que actúa no es un espíritu que guíe una máquina desde dentro. Tampoco sabríamos en modo alguno cómo deberíamos hacerlo. No podríamos dar al movimiento de nuestro cuerpo una dirección si estar dirigido no lo definiese ya «por naturaleza» como cuerpo vivo. No existe un actuar puro en un mundo de objetos sin que ambas cosas estén mediadas por aquello que denominamos «vida». Estamos tan lejos de poder reducir vida a objetividad que, antes bien, la objetividad sólo se constituye para nosotros en contextos teleológicos. Para constatar una relación causal regular, tenemos que poner un telos en el sentido de un estado último, por relación al cual otro estado es distinguido como causa(19). Tenemos que formar un segmento o fijar uno no arbitrario que, así, no existe «por naturaleza». El estado último tiene que poseer propiedades en común con otros estados. Lo orgánico se distingue de lo inorgánico en que el estado último no es distinguido por nosotros arbitrariamente, sino que lo presuponemos, a él y a la concatenación de estados iniciales y últimos, en calidad de algo que es «por naturaleza». Y esto significa teleología natural.
(18)Desarrollado con toda claridad en Nicolai Hartmann, Teleologisches Denken. Berlin. 1951, pp. 64-76, Y en Wolfgang Stegmüller, Wissenschaftliche Erklärung und Begründung, vol. 1. Berlin. 1969. pp. 581-585. (19)Cfr. a este respecto Thure von Uexküll, Der Mensch und die Natur, München, 1953, pp. 165-168, así como ídem, Das Bedürfnis der Naturwissenschaft nach einer philosophischen Betrachtungsweise als Problem der Gegenwart, en: Der Sinn des Lebens (Jacob von Uexküll), Stuttgart, 1977, pp. 81-117 (Scheidewege, suplemento 4)
*Conferencia pronunciada en Hannover el 12 de noviembre de 1977 para inaugurar el III Congreso Internacional sobre Leibniz y publicada en Zeitschrift für philosophische Forschung, 32 (1978). pp. 481-493. Artículo completo en https://www.unav.edu/publicaciones/revistas/index.php/anuario-filosofico/article/download/29974/25870 **Epifenómeno: 1. m. Psicol. Fenómeno accesorio que acompaña al fenómeno principal y que no tiene influencia sobre él. (RAE)
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