Comprendemos los procesos naturales en analogía con aquellos que ponemos en marcha nosotros, a saber, ideológicamente; admiramos con qué 'arte' trabaja la naturaleza e imitamos después la naturaleza comprendida de este modo. (continuación)
La función, el telos nos abre —tal como lo vio Kant por primera vez— el espacio heurístico * para averiguar cómo hace la naturaleza para alcanzar este telos; espacio heurístico que es espacio para la investigación causal científica, tal como reza el adagio escolástico "Cuiuscumque est causa finalis, eius est causa efficiens" **. Y como consigna para esta búsqueda nos sirve la pregunta ¿cómo haríamos nosotros para alcanzar este objetivo? Y cuando vemos que la naturaleza lo hace mejor podemos aprender de ella. Así la aerodinámica moderna nos enseña a comprender, apoyada en simulaciones digitales, la curvatura variable de las alas en el vuelo de los pájaros, y comprendemos qué es lo necesario para optimizar el rendimiento de vuelo. Y al revés, es sorprendente el silencio con el que vuela un determinado tipo de búho y hemos entendido muy bien la función y la finalidad de este vuelo silencioso. Ahora bien, los constructores de aviones están muy interesados en enterarse, a través de los ornitólogos, de cómo se produce este fenómeno porque esperan aprovecharse de él para la construcción de helicópteros. Así es, pues, como simulamos procesos naturales para comprenderlos. Y cuando los hemos comprendido los simulamos una segunda vez a través de la construcción de aparatos que cumplen funciones análogas que nos interesan. Cuando construimos una casa, escribe Aristóteles, procedemos de modo similar y en pasos similares a los que emprendería la naturaleza, si la casa fuese un objeto natural. Y al revés, la naturaleza procede con pasos similares a los que emprenderíamos nosotros si tuviéramos que hacer esta casa. Por esto, arte, techne, es para Aristóteles un análogo de la physis. "Si el arte de la construcción naval estuviera dentro de la madera, escribe, entonces el barco mismo surgiría physei, por naturaleza". No obstante, para Aristóteles la primacía ontológica se halla en lo que es physei. El arte humano sólo puede organizar el ente natural de tal forma que la organización sirva para fines humanos. El coche sólo circula a causa del hecho de que el petróleo es combustible. Sin embargo, la ciencia contemporánea pone en duda esta primacía. "On m’appelle nature", hace decir Voltaire a la naturaleza, "mais je suis tout art" (1). ¿Qué significa eso? Para entender lo dicho por Voltaire hay que saber que la filosofía natural moderna empieza en el siglo XVII con una polémica acerca del concepto de la naturaleza, de la physis. Parece que este concepto lleva irremediablemente una impronta teleológica, precisamente porque —y en tanto en cuanto— designa algo como un "arte" inmanente a los seres vivos. Pero no existe esta naturaleza que aspira a algo, que posee por ejemplo un horror vacui, etc. Las máquinas imitan a los seres naturales, pero estos seres naturales no son máquinas ellos mismos. L’homme machine se titula el libro del barón Holbach (2). Al principio se defendió teológicamente esta teoría de la máquina: así lo hicieron Christoph Sturmius y Malebrache. Para ellos, la consideración de la Physis como principio interno del movimiento y del descanso es fruto de la superstición. El principio interno es el ingeniero divino fuera de la máquina. Más tarde, la teoría se presenta con visos ateístas. La consecuencia de esta visión es que la simulación de la naturaleza ya no es solamente una simulación, sino un equivalente de la misma cosa simulada. El objetivo ya no es solamente hacernos ver la infraestructura química de la vida o la infraestructura neuronal del pensamiento, sino que la simulación es la cosa misma, pues la cosa misma tampoco es distinta de la organización de una materia basal que, en principio, podríamos generar también nosotros mismos. Lo que permanece de la naturaleza no son seres naturales, sino leyes físicas básicas, por tanto, aquello que en Aristóteles justamente no se llama physis sino ananke, necesidad. Ahora bien, ésta no es precisamente simulable, sino indiferente respecto de la distinción entre naturaleza y simulación. Para esta visión del mundo, el concepto de una imitación de la naturaleza pierde su sentido. Lo que es physei de verdad, no puede ser imitado y todo lo que puede ser imitado no es otra cosa que su perfecta simulación. Esta visión es, sin embargo, ciencia ficción, y el gran autor de ciencia ficción, Stanislaw Lem, siempre ha declarado ridícula la idea de que las máquinas pueden pensar de verdad. Pero el objetivo final de la moderna ciencia natural técnica ya no es la solución de problemas prácticos concretos —a pesar de que los soluciona continuamente—. Su meta final sólo se puede describir como utopía, es decir, como ciencia ficción, a saber, la reconstrucción de la naturaleza. Esta sólo es posible si Voltaire tiene razón al dejar decir a la naturaleza: "Je suis tout art". *heurístico: (RAE) 2. f. Técnica de la indagación y del descubrimiento / 3. f. Búsqueda o investigación de documentos o fuentes históricas. **Cuiuscumque est causa finalis, eius est causa efficiens: Lo que tiene una causa final, también tiene una causa eficiente (frase de John Duns Scoto: Ordinatio, I, dist. 8, n. 240, cd. Vat. IV, 280) (1) www.societe-voltaire.org/d3-qe-nature.php Voltaire: Questions sur l’Encyclopédie, «Nature» Dialogue entre le philosophe et la nature “Le Philosophe. — Nous sommes curieux. Je voudrais savoir comment, étant si brute dans tes montagnes, dans tes déserts, dans tes mers, tu parais pourtant si industrieuse dans tes animaux, dans tes végétaux. La Nature. — Mon pauvre enfant, veux-tu que je te dise la vérité? c’est qu’on m’a donné un nom qui ne me convient pas; on m’appelle nature, et je suis tout art.” (2) Las fuentes consultadas indican que la obra no pertenece a Holbach sino a La Mettrie fr.wikipedia.org/wiki/L%27Homme_Machine L'Homme Machine est un ouvrage de Julien Offray de La Mettrie publié à Leyde en 1748
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