sábado, 26 de marzo de 2016

Manipulación genética

Fragmento de la intervención de Robert Spaemann con el título Engendrado, no hecho en el Congreso Internacional "El embrión humano antes de la implantación. Aspectos científicos y consideraciones bioéticas", que se celebró en el Vaticano, con motivo de la XII Asamblea General de la Pontificia Academia para la Vida celebrada el 27 y 28 de febrero de 2006. Traducción de José María Barrio Maestre

La naturaleza humana típica, al igual que toda naturaleza humana individual, tiene que ver con una cadena de casualidades. ¿Podría considerarse malo sustituir la casualidad por una planificación racional, como afirma el argumento en favor de la manipulación genética? ¿Cómo podríamos deplorar la posibilidad de optimizar la herencia humana según un plan debidamente organizado?

Lo realmente perverso se puede observar preferentemente en la visión de quienes encuentran en esa posibilidad algo especialmente bueno. En los tristemente célebres simposios Ciba, de los años sesenta, todo esto parecía aún un horizonte lejano, de suerte que quienes en ellos participaban se manifestaron de manera bastante imprudente acerca de tales visiones. Según éstas, deberían fabricarse individuos inteligentes, adaptables a las condiciones de la vida moderna, así como a las necesidades de posibles viajes interplanetarios, inmunes a toda enfermedad, pero también individuos que sean genéticamente como "abejas obreras", naturalezas esclavas que, sintiéndose felices, prestan servicios considerados inferiores. La objeción de que ningún padre se prestaría a la cría de tales niños esclavos no se sostiene, pues si alguna vez esa identidad cualitativa de futuros individuos fuese planificable, tal planificación ya no se dejaría en manos de los padres, pese a que la profesora Judith Mackay, perteneciente a la Organización Mundial de la Salud, haya afirmado en Berlín: "Quien desee descendencia, podrá elegir sus futuros hijos con el color del pelo o el coeficiente intelectual que desee".

Una sociedad de gente puramente idéntica a Einstein o a Boris Becker, por poner algún ejemplo, es tan poco posible como una sociedad que a causa de la tradición o de la moda pudiera inclinarse preferentemente por producir una descendencia masculina o femenina. Como ya vio Huxley, sería inevitable una planificación económica de la biología humana. Sin embargo, en lo referente a la planificación social de índole global ya tenemos suficiente experiencia, a lo largo de medio siglo, con lo ocurrido en el ámbito económico con la subordinación a la competencia en los numerosos intercambios comerciales de los negocios diarios en el "mercado". Los países que se han prestado a ese gran experimento todavía necesitarán muchas décadas para recuperarse de sus consecuencias. Pueden hacerlo, y enmendar los daños, pero en lo relativo a las consecuencias que atañen a la planificación biológica humana no podrán hacerlo.

Hay que tener en cuenta, no obstante, que todavía faltan criterios para poder considerar que verdaderamente se ha avanzado sistemáticamente en las cuestiones acerca de la genética humana. ¿En qué consiste realmente un individuo ideal? ¿Qué es mejor: ser más inteligente, o ser más feliz? ¿O más afectuoso, más creativo, más sobrio, más robusto o más sensible? Basta plantearse la cuestión para enseguida reconocerla absurda. Además, constituiría una insoportable soberbia por parte de la generación presente el querer dominar a la generación futura de tal forma que ésta se deba hasta en sus aspectos más esenciales a las caprichosas preferencias de sus antecesores. Lamentablemente, la realidad vuelve a sobrepasar, en este aspecto, nuestras más horribles predicciones. Entre tanto, la Human Fertilization and Embriology Authority, que vigila en Gran Bretaña el proceso de la fecundación in vitro, prepara la autorización oficial de la selección de bebés sordos nacidos de padres sordos, y la destrucción selectiva de los embriones sanos. La portavoz del Royal Institute for Deaf People aclaró, a este propósito: "En el caso de que una pareja con sordera se someta a un tratamiento in vitro y decida tener un hijo sordo, esta elección debe considerarse lícita y permisible. Nosotros apoyaríamos esta decisión". El despropósito no parece conocer límite. Naturalmente, cada quien debe algo de su herencia genética a la preferencia de sus padres. Pero esa preferencia no afecta directamente a representaciones detalladas acerca de las cualidades singulares de la descendencia. "No creáis que yo pensaba en vosotros cuando estaba con vuestra madre", ha dicho Gottfried Benn.

La acción socializadora sobre los hijos –la educación– presupone su existencia ya genéticamente determinada. Esa educación no puede programar el futuro según los deseos de los que viven en el presente. El futuro resulta de lo que los hombres venideros hagan con lo que reciban en herencia. Pretender prever esto de una vez, es decir, sustituir la educación por la programada selección del individuo desde su origen, como propone Sloterdijk, destruiría lo que nos une a nuestros hijos: la común naturaleza. "Engendrado, no hecho", dice el Credo de Nicea acerca del Hijo de Dios, lo que también es válido para el origen individual de todo hombre, incluso de aquellos que no creen en algo así como un Hijo de Dios.

Hans Jonas
Las objeciones específicas contra la clonación de seres humanos ya fueron formuladas hace mucho tiempo, y con mayor énfasis, por Hans Jonas. Los seres humanos tienen derecho a un futuro sin trabas, a un futuro abierto, de modo que no se les imponga tener a la vista un mellizo treinta o sesenta años mayor. Incluso si alguien intentara obviar las respectivas previsiones naturales viviría obsesionado ante la posibilidad de ese mellizo o trillizo. Además, las expectativas de un hombre son siempre el resultado de una feliz combinación de predisposiciones y de situaciones históricas. Y, por otro lado, teniendo en cuenta que las situaciones históricas singulares no se pueden reproducir, carece de sentido intentar lograr una identidad genética. El propósito de eliminar el factor tiempo pone de relieve lo que constituyen tales manipulaciones: una perversidad.

Texto completo en arvo.net/embarazo-y-aborto/engendrado-no-hecho/gmx-niv827-con17167.htm


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