Fragmento de un texto de Robert Spaemann titulado El sentido del sufrimiento. Distintas actitudes ante el dolor humano (Über den Sinn des Leidens) que forma parte del libro Einsprüche, christliche Reden publicado por Einsiedeln en 1977
Estoicismo y budismo
Más allá de esta actitud
sólo está la clásica postura del estoicismo. Los estoicos habían desarrollado
una doctrina sobre la evitación del dolor que no estaba ligada con la actividad
transformadora del mundo, sino que dejaba al mundo tal como es. Su pregunta
sonaba así: ¿qué podemos hacer para que lo que sucede no sea experimentado como
sufrimiento, es decir, para que no disminuya nuestra libertad? La famosa
respuesta estoica decía así: «ducunt fata volentem, nolentem trahunt». Si yo
consiento desde el principio con la necesidad, si acepto desde el principio
voluntariamente lo que no puedo cambiar, entonces no puede sucederme realmente
nada adverso. Entonces soy tan libre como Dios. Entonces tampoco Dios puede
hacer nada contra mí, porque si yo, desde el principio, ante lo que Él me
envía, digo: «eso es justamente lo que yo quería», entonces Él no puede hacer
nada que vaya contra mi voluntad. Yo he aceptado desde el principio que todo
sucede como sucede (que todo es como sucede).
Podemos asimilar por
completo a la de los estoicos la postura activa que defendiera que el sentido
radica en el obrar y fuera de él consentimos con la necesidad, evitando así el
sufrimiento.
Los propios estoicos eran
conscientes de que la posesión real del método estoico, de la apatía (la
impasibilidad), nunca se ha dado verdaderamente. Además tampoco podían negar
que el dolor físico puede alcanzar tal grado de intensidad, que nos condene
contra nuestra voluntad al sufrimiento. Sólo quedaba entonces para ellos un
recurso -el suicidio- como último acto de afirmación de libertad.

Texto completo: www.aciprensa.com/recursos/el-sentido-del-sufrimiento-406/
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