Uno de los reproches que recibe la
filosofía es no tener utilidad práctica. La respuesta a la pregunta ¿para qué sirve la filosofía? no tiene
una respuesta inmediata que sea simple e inteligible para todo el mundo.
Spaemann tampoco lo facilita cuando la define como la reflexión y el discurso contínuo sobre las últimas preguntas. (1)
Una definición que nos lleva a lo que es propio de la metafísica (2), que trata
de temas que a primera vista nos parecen alejados de los acontecimientos
cotidianos. Pero él remarca su importancia práctica: estas últimas preguntas son la raiz de nuestra sociedad, cuestiones cuyo ocultamiento es,
precisamente, el que asegura la estabilidad de nuestra vida cotidana. (3)

Pero el filósofo, por el hecho de
serlo, no es inmune a cualquier contaminación social e ideológica, lo que se
traduce en que, aunque se sigan las mismas pautas de trabajo se pueda llegar a
conclusiones divergentes. Spaemann lo expresa de la siguiente manera: cada filósofo elabora su pensamiento a
partir de determinadas experiencias básicas. La filosofía no comienza de la
nada, sino que cada planteamiento se alimenta de las experiencias que cada uno
ha vivido. (6). De ahí la importancia del diálogo.
Volviendo a la cuestión inicial, hay que preguntarse sobre
la aportación dela filosofía a la sociedad. Para Spaemann, al estado le
interesa la existencia y la actividad de los filósofos. (7): el interés de que
los procesos sociales no se desarrollen de manera puramente espontanea y
violenta, sino en la forma de un debate basado en argumentos. Afirma que la
experiencia corrobora que las sociedades donde los filósofos se desenvuelven
con mayor libertad son mucho más estables que aquellas en las que se les
intenta aislar. Sin embargo, constata que en las sociedades donde la libertad
de expresión es limitada la influencia de los intelectuales disidentes es mucho
más grande que en las sociedades libres. De lo que se deduce que si se quiere
que las opiniones de los intelectuales sean inofensivas sólo hace falta que se
les deje hablar tanto como quieran. (8) Es una manera de hacer patente lo que ocurre
a menudo en el debate social, donde se mezclan opinión y conocimiento, y donde una buena puesta en escena puede
resultar más convincente que la fuerza de los argumentos. Por eso considera que
el filósofo no ha de pretender un reconocimiento social general y ha de admitir
que la sociedad no distinga entre filósofos y sofistas, aunque manifieste que los intelectuales en general son abogados defensores del conjunto de la
sociedad. (9)
(1) Robert Spaemann. Para qué sirven los filósofos.
Discurso pronunciado al recibir el Premio Roncesvalles de la Universidad de
Navarra. Recogido en Nuestro Tiempo nº 564, Pamplona, Juny 2001
(2) “Es una parte de la filosofía, la que se refiere a las
cuestiones más fundamentales, digamos a las cuestiones primeras o últimas: el
ser, Dios, el alma o la muerte son problemas metafísicos”. (André
Comte-Sponville. Diccionario filosófico, concepte metafísica).
(3)Robert Spaemann. Para qué sirven los filósofos,
obra citada
(4) Entrevista de Günther Müchler a Robert Spaemann emitida
en el programa Interview der Woche de la emisora de radio alemanya
Deutschlandfunk el 21/10/2001.
(5) Ver Robert Spaemann. Para qué sirven los filósofos,
obra citada
(6) Entrevista de Wolfgang Küpper a Robert Spaemann, emitida
en el canal radiofónico alemán Alpha (Der Bildungskanal der Bayerische
Rundfunks) el 22-12-2000.
(7) “el estado moderno no deriva su legitimidad de la verdad
de determinadas convicciones, sino de la corrección procedimental de sus
mecanismos de decisión. Non veritas sed auctoritas facit legem, dice
Thomas Hobbes. Pero conviene tener claro que la legalidad procedimental
proporciona legitimidad tan sólo mientras esos procedimientos alumbran
decisiones que están de acuerdo con las intuiciones humanas elementales acerca
de la justicia. Se puede prescindir de las cuestiones relativas a la verdad y
la justicia sólo en la medida en que la paz interna constituya el supremo valor
absoluto. Pero hay siempre circunstancias en las que los hombres consideran que
no vale la pena conservar esta paz. Circunstancias en las que se puede afirmar,
con Bertold Brecht: "Hemos decidido temer más nuestra mala vida que la
muerte". No es posible desterrar del discurso público la pregunta acerca
de la vida buena. Pero esta es la pregunta propia de la filosofía. Y una
sociedad sólo es libre en la medida en que posibilita ese discurso.” (Robert
Spaemann. Para qué sirven los filósofos, obra citada).
(8) Robert Spaemann. Para qué sirven los filósofos,
obra citada.
(9) Robert Spaemann. Para qué sirven los filósofos, obra
citada.
Continúa en la siguiente entrada
Recién encuentro con este blog, buscando información sobre Spaemann después de leer algunos de sus libros. Lo leeré con atención. Gracias por la iniciativa. Sobre esta entrada, creo que quizás se podría insistir en lo que, según leo en el segundo artículo recopilado en Límites, Spaemann llama su escepticismo respecto a la suposición de que pueda darse un ajuste real entre el mejor argumento filosófico, la mejor manera de vivir y la influencia pública. Ese "anarquismo" que señalas relacionarlo con el escepticismo que confiesa respecto a que quepa institucionalizar la función de los filosófos, sobre todo en lo que le interesa especialmente, en el ámbito práctico.
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