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sábado, 11 de julio de 2020

Límites de la atención médica

Séptimo fragmento del artículo de Robert Spaemann titulado Die Herausforderung des arulichen Berufsethos durch die medizinische Wissensehaft publicado en Medizinische Klinik, número 86 (1991). pp. 598-600, cuya reproducción traducida está extraída del libro de la editorial Eiunsa Robert Spaemann: Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar con el título El desafío planteado por la ciencia médica al ethos profesional del médico.


Subordinación de la experimentación


...es el médico... quien está per definitionem al servicio de la salud. El ethos médico instrumentaliza la ciencia médica poniéndola estrictamente al servicio de la salud.


continuación



Para la relación médico-paciente es esencial que el paciente sepa que el médico le aplicará la terapia que considere en conciencia que es la mejor posible para el paciente. Esto puede llevar a conflictos. Cuando se desee probar un medicamento y se formen dos grupos de test, puede suceder que ya en virtud del resultado obtenido en la primera mitad de los sujetos de prueba el médico llegue al conocimiento de que ese medicamento es efectivamente muy eficaz y quizá pueda salvar vidas. ¿Le es lícito seguir privando de ese medicamento a la segunda mitad de los sujetos de prueba, para que así se pueda llevar a término el test según las reglas científicas? Eso significaría que la segunda mitad de los sujetos de prueba no recibiría el tratamiento que según la convicción a que ya ha llegado el médico sería el óptimo para ellos. Ese modo de actuar subordina el ethos profesional médico al ethos del científico. Pero esa subordinación es la corrupción del ethos profesional. «Salus aegroti suprema lex» (el bien del enfermo es el mandamiento supremo): esto puede y debe referirse sólo al enfermo que se encuentre directamente bajo los cuidados del médico.

La responsabilidad por un conjunto indeterminado de posibles pacientes futuros nunca puede estar sino en segundo lugar. El paciente concreto no es parte de un conjunto indeterminado por el que el paciente tenga responsabilidad, sino que en la situación de tratamiento misma es el objeto íntegro y exclusivo de la responsabilidad. La responsabilidad que exceda ese límite es en primer lugar una responsabilidad negativa como es natural, al médico no le es lícito dañar a otros seres humanos para beneficiar a su paciente. No está obligado a hacer todo lo que sirva para curar a su paciente; a tal fin sólo le es lícito hacer lo que esté permitido. También aquí se cumple que no es responsable de las consecuencias de la omisión de acciones que no está autorizado en modo alguno a realizar. Este principio desempeña un cometido decisivo para juzgar tanto la extracción de órganos como el aborto.

Ahora bien, los límites de lo permitido pueden ser también de naturaleza económica. Dado el constante aumento de las posibilidades terapéuticas, no es razonable dar por sentado que todos los miembros de una comunidad tienen que hacer todos los esfuerzos imaginables para proporcionar a cada miembro de la sociedad las medidas sanitarias óptimas que desde un punto de vista puramente técnico sean posibles en cada caso. Mucho más importante es a la larga una configuración realmente humana del mínimo, es decir, a su vez, de lo normal que debemos a todos y cada uno. También a este respecto es urgentemente necesario esforzarse por obtener un concepto de normalidad actualizado. Si bien para un ser histórico, como el hombre, la normalidad de las condiciones de vida no es una constante, el hombre está tan lejos como cualquier ser vivo de poder prescindir de toda normalidad fiable. Y cuanto más nos acerquemos al límite inferior, mínimo, de esa normalidad, tanto más crece la invariación. Lo normal llega a ser entonces aproximadamente equivalente a lo que denominamos «natural».

lunes, 6 de julio de 2020

Priorizar la salud del paciente

Sexto fragmento del artículo de Robert Spaemann titulado Die Herausforderung des arulichen Berufsethos durch die medizinische Wissensehaft publicado en Medizinische Klinik, número 86 (1991). pp. 598-600, cuya reproducción traducida está extraída del libro de la editorial Eiunsa Robert Spaemann: Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar con el título El desafío planteado por la ciencia médica al ethos profesional del médico.


Medicina y Ciencia se entrecruzan


Cuando se utiliza la expresión «ética de la responsabilidad» para obligar a todos y cada uno directamente a servir al bien de la humanidad en su conjunto, ese concepto destruye todo ethos profesional específico.


continuación



Ésa es la peculiaridad del denominado consecuencialismo, que hoy en día, lamentablemente, ha sido adoptado por muchos teólogos, en contra de toda la tradición cristiana. Como es natural, de la idea de responsabilidad específica de cada ámbito forma parte que el agente precisamente no tenga que asumir la responsabilidad de las consecuencias de la omisión de acciones cuya ejecución esté en contradicción con su ethos profesional.

Precisamente porque el confesor es responsable de la salvación del alma del penitente, no lo es del crimen que habría podido evitar si hubiese violado el secreto de confesión. Dado que el juez es responsable del Derecho, no lo es de que una absolución justa desencadene revueltas políticamente perjudiciales. El médico no es responsable de los gastos que produzca una persona a la que él ha salvado la vida. La totalización del concepto de responsabilidad llevaría a la corrupción de lo ético, a la disolución de la identidad moral del agente.

La responsabilidad por la colectividad de asegurados tiene que estar pre-estructurada por el legislador. Es el legislador, y no el médico, quien ha de poner los ojos ante todo en el «bien común». A ello ha de responder en el futuro una ética del paciente caracterizada por la disposición a renunciar. Pero no es lícito descargar la propia responsabilidad en ese ethos. Si así lo hiciésemos saldrían ganando los desvergonzados que no están dispuestos a esa renuncia.

Con todo, el auténtico desafío al que se enfrenta el ethos profesional médico no procede hoy en día del Estado totalitario, sino de la ciencia. Ya en el Hippias Menor de Platón se habla de que la ciencia médica es esencialmente ambivalente. Quien la posee, sabe cómo se puede curar a alguien y cómo se puede hacer que enferme. No es el especialista en medicina, sino el médico, de cuya definición forma parte un determinado ethos, quien está per definitionem al servicio de la salud. El ethos médico instrumentaliza la ciencia médica poniéndola estrictamente al servicio de la salud.

Sin embargo, por otro lado sucede también que el médico presta un servicio a la ciencia. La experiencia médica es una y otra vez el punto de partida de nuevos conocimientos científicos. Con todo, esa relación recíproca es asimétrica. La principal finalidad de las ciencias médicas, es más, su única finalidad, es servir a la praxis médica. En cambio, el servicio a las ciencias médicas nunca es otra cosa que producto secundario del actuar médico. La asimetría de esta relación, de todas formas, corre constantemente peligro a causa de la actividad científica moderna.

En el fondo, la ciencia empírica moderna recibe el primero de esos dos adjetivos injustificadamente. La experiencia concreta desempeña para ella, en el fondo, un papel marginal. Lo que en ella cuenta es el experimento. Y el experimento está guiado por teorías científicas que se ponen a prueba experimentalmente. Pues bien, ahí la actividad médica está sometida, de hecho, a la constante amenaza de ser instrumentalizada al servicio de la ciencia. «It was technologically so sweet»: esta frase del físico atómico Julius Robert Oppenheimer para explicar el interés de los científicos por la bomba atómica puede servir también para explicar más de un procedimiento médico.

sábado, 18 de febrero de 2017

Digerir la realidad (2)

Del libro de Robert Spaemann LO NATURAL Y LO RACIONAL. ENSAYOS DE ANTROPOLOGÍA. Título original: Das Natürliche und das Vernünftige. Aufsatze zur Anthropologie, Piper, München-Zürich, 1987. Traducción: Daniel Innerarity y Javier Olmo. Segundo ensayo: Ser y haber llegado a ser. ¿Qué explica la teoría de la evolución?

1. ¿Resistencia frente a los hechos?


(continuación)


¿De dónde procede la resistencia frente a los resultados de la investigación científica? ... 

Hay hechos desagradables frente a los cuales no podemos en absoluto reaccionar en el sentido de una prosecución de fines... la "mentira noble" de Platón estaba pensada en este sentido: no debía motivar a los hombres a obrar contra su propio interés...

La resistencia religiosa frente a la visión copernicana del mundo (2) fue, en esa medida, una resistencia honrosa, porque para quienes se oponían estaba en juego la credibilidad del testimonio de la Revelación. Para ellos, la Revelación tenía a su favor muchas buenas razones y confiar en ella formaba parte de su propia identidad. Además, de esta resistencia resultó una fórmula con la que, como tantas veces, los "reaccionarios" se adelantaron sin saberlo a su época: exigieron de Galileo la concesión de que su teoría era una hipótesis matemática, es decir, un constructo * dependiente de un paradigma; precisamente lo único que podía ser, según nuestra moderna comprensión de las teorías científicas. De esta concesión habría que inferir, por supuesto, que tampoco la visión ptolemaica del mundo (1) era más que una hipótesis.

Ni Galileo ni sus adversarios estaban en situación de llegar tan lejos. Si lo hubieran estado, habrían podido someter sus teorías a una comparación de rendimientos. Con ello se habría concedido a Galileo la ventaja, absolutamente reconocida, de que su teoría era de una simplicidad y belleza incomparablemente mayor, como también su fuerza de predicción de fenómenos hasta aquel momento desconocidos. Frente a ella, la teoría ptolemaica tendría la ventaja de ser compatible con lo que parecían comunicar las fuentes de la Revelación. Evidentemente esto hubiera sido una solución conservadora, pero también el reconocimiento del pluralismo de teorías es criticado hoy como conservador.

Una solución así no habría forzado aquella nueva apreciación de las fuentes de la Revelación que sólo se pudo formar a la vista del conflicto: o su rechazo absoluto como fuentes de conocimiento, o su nueva interpretación teológica por la cual fueron en gran parte inmunizadas frente a los resultados científicos, quedando así los creyentes dispensados de la necesidad de seguir aferrados a un paradigma científico determinado que, por lo demás, se había hecho estéril. Sólo esta nueva interpretación ha hecho posible esa trivialización ideológica de la visión copernicana del mundo de la que podemos hablar hoy. El hecho de que, con independencia de la interpretación de los textos bíblicos, el mundo copernicano no es en absoluto tan trivial, sólo lo vio Pascal en el siglo XVII. Cuando escribe: "el silencio de los espacios eternos me aterra", alude a que la trivialización misma no es trivial. 

Nosotros podríamos decir también que el segundo principio de la termodinámica es, en cierto modo, el principio del triunfo de la trivialidad. Pero precisamente por eso, para un ser que persigue la conservación y el crecimiento de sí mismo, la conservación de la energía es todo menos trivial. Lo que le aterra a Pascal es la trivialidad misma, la "indiferencia del mundo" que, según Kolakowski, está en el origen de toda cultura mítica y que, paradójicamente, es acrecentada por el dominio científico del mundo. (3)

La significación infinita que se ha dado el hombre a sí mismo en la tradición cristiana ya no encuentra una representación intuitiva en la forma espacial del universo. El lugar de la encarnación de Dios es un lugar periférico en el Sistema Solar; el Sistema Solar es un lugar periférico en el conjunto del cosmos. Las leyes que estructuran este universo no son aquellas que nos permiten concebir las cosas que están fuera de nosotros por analogía con el modo como los hombres nos entendemos unos a otros, es decir, como unidades autónomas independientes pero semejantes a nosotros. Son, más bien, leyes que nos permiten dominar la naturaleza precisamente porque convierten a la naturaleza en el ámbito de lo indiferente, de lo trivial.

(1) La teoría geocéntrica es una antigua teoría que pone a la Tierra en el centro del universo, y los astros, incluido el Sol, girando alrededor de la Tierra (geo: Tierra; centrismo: agrupado o de centro). El geocentrismo estuvo vigente en las más remotas civilizaciones. Por ejemplo, en Babilonia era ésta la visión del universo y en su versión completada por Claudio Ptolomeo en el siglo II en su obra El Almagesto, en la que introdujo los llamados epiciclos, ecuantes y deferentes, estuvo en vigor hasta el siglo XVI cuando fue reemplazada por la teoría heliocéntrica. (https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_geoc%C3%A9ntrica)
(2) La Revolución de Copérnico es el nombre con el que suele conocerse a la revolución científica que se produce en Europa Occidental, representada en la astronomía por el paso del tradicional sistema ptolemaico geocéntrico (herencia clásica adaptada y conservada por el pensamiento cristiano medieval) al innovador sistema copernicano heliocéntrico, iniciada en el siglo XVI por Nicolás Copérnico (cuya obra De revolutionibus, no alude al tradicional concepto de revolución, sino al de ciclo o trayectoria circular de los cuerpos celestes) y culminada en el siglo XVII por Isaac Newton. En gran parte como consecuencia de esta revolución, el panorama intelectual de finales del siglo XVII y comienzos del siglo XVIII se considera la crisis de la conciencia europea y abrirá el siglo XVIII como siglo de las luces o de la Ilustración. (https://es.wikipedia.org/wiki/Revoluci%C3%B3n_de_Cop%C3%A9rnico)
(3) https://albacrespo.wordpress.com/2016/02/24/kolakowski-reflexiones-sobre-la-indiferencia-del-mundo/


*constructo:
Del ingl. construct, y este del lat. constructus, part. pas. de construĕre 'construir'.
1. m. Construcción teórica para comprender un problema determinado.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Digerir la realidad (1)

Del libro de Robert Spaemann LO NATURAL Y LO RACIONAL. ENSAYOS DE ANTROPOLOGÍA. Título original: Das Natürliche und das Vernünftige. Aufsatze zur Anthropologie, Piper, München-Zürich, 1987. Traducción: Daniel Innerarity y Javier Olmo. Segundo ensayo: Ser y haber llegado a ser. ¿Qué explica la teoría de la evolución?

1. ¿Resistencia frente a los hechos?
Hermann Lübbe

Hermann Lübbe caracterizó una vez a la Ilustración como el proceso de trivialización de los resultados de la investigación científica. Estos resultados son considerados como verdaderos sin ofrecer resistencia porque afectan a nuestra vida de un modo indirecto, mediante la transformación técnica del medio, pero no directamente, por una transformación de la comprensión que tenemos de nosotros mismos y del mundo. Y Lübbe concluía que, en este sentido, vivimos en una época de Ilustración consumada. Los resultados científicos ya no son objeto de una disputa ideológica de alcance público. Suponiendo que esta afirmación sea correcta, queda la cuestión de por qué esto es así y de por qué era antes de otra manera.

Comencemos por la segunda pregunta. ¿De dónde procede la resistencia frente a los resultados de la investigación científica? ¿Por qué los hombres no toman en todas las épocas tranquilamente por conocimiento las afirmaciones sobre lo real? ¿Por qué no están siempre únicamente interesados en saber lo que es real? ¿Por qué desean que lo real sea esto y no aquello? Si se plantea la pregunta así, entonces la respuesta es obvia: determinados hechos nos son más gratos que otros"¡Eso no puede ser verdad!", se dice con frecuencia. Ciertamente es un signo de madurez desear hechos gratos, pero no el simulacro, contrario a la verdad, de hechos gratos. La actitud del soberano que mataba a los mensajeros de malas noticias nos parece pueril. ¿De qué le sirve imaginarse que ha ganado la batalla, cuando en realidad la ha perdido? Por lo general, estar correctamente informados sobre los hechos aumenta nuestra capacidad para alcanzar los fines que nos hemos propuesto

Sin embargo, esto no siempre es así. Hay hechos desagradables frente a los cuales no podemos en absoluto reaccionar en el sentido de una prosecución de fines. ¿Se debe comunicar a un monarca moribundo la mala noticia del desmoronamiento de su reino? Algunos hombres desean no ser informados sobre su enfermedad mortal. E incluso se da el caso de que hombres que todavía pueden actuar, sacan consecuencias erróneas de informaciones verídicas. Por esta razón se oculta frecuentemente a los moribundos la 
información sobre su enfermedad: no se quiere poner en peligro la voluntad de vivir, importante para la curación. Y en la guerra, los gobiernos suelen ocultar a sus pueblos las malas noticias para no desactivar la energía que se exige para lograr la victoria. También la "mentira noble" de Platón (1) estaba pensada en este sentido: no debía motivar a los hombres a obrar contra su propio interés, sino que debía motivar a percibir su propio interés bien entendido a aquellos que desconfiaban de aclararse correctamente sobre él.

Puede ser un signo de madurez no tener necesidad de ilusiones para comportarse racionalmente; sin embargo, es evidente que hay ámbitos en los que es propio de una vida digna del hombre la resistencia a admitir una información. Como dice La Rochefoucauld: "es más honroso ser engañado por los amigos que desconfiar de ellos". El que imparcialmente toma nota de una información que ofende gravemente a un buen amigo o a la propia mujer e inmediatamente la comprueba, en lugar de considerar en principio al informante como un calumniador, no puede ser un buen amigo. 

(1) En política, la mentira noble es asociada con la falsedad de los gobernantes destinada a preservar la armonía social. Platón ya se refería a este tipo de mentira en La República. (https://es.wikipedia.org/wiki/Mentira_piadosa)

lunes, 1 de agosto de 2016

Limitaciones de la ciencia

Fragmento de la entrevista de Susanne Kummer a Robert Spaemann para el periódico austríaco Die Presse titulada ¿Qué dice el filósofo sobre la felicidad, el sufrimiento, la verdad, la sabiduría?: “Ninguna ciencia puede dar razón última del mundo”, publicada el 5 de febrero de 1999. Traducción del alemán: José María Barrio Maestre.

Susanne Kummer
Los Derechos Humanos son, para Robert Spaemann, la única forma por la que la dignidad humana puede sobrevivir en una civilización técnico-científica. 

La cuestión de dónde venimos y a dónde vamos ocupa una cierta cantidad de literatura científica. Dios vuelve a ser de interés, también para la ciencia de la naturaleza. ¿Sabrá ésta encontrar a Dios?

Los científicos de la naturaleza encontrarán a Dios, pero las ciencias de la naturaleza nunca. En realidad, no se han desarrollado para eso. Las ciencias se mueven en el campo de lo creado (así al menos lo llama el creyente). Sin embargo, la causa de la creación se sustrae a la observación científico-natural. No sabemos si la explosión inicial –el big bang– constituye el comienzo o se trata exclusivamente de un suceso dentro de una cadena interminable de universos en expansión que se contraen entre sí. La ciencia natural vuelve a preguntarse por el principio e intentará comprender las condiciones físicas de la explosión inicial. Quizás lo consiga, o quizás no. Ahora bien, la cuestión última de por qué existe el mundo no la puede contestar, por razones de principio.

¿Qué quiere decir con eso?

Quisiera aclararlo valiéndome de una imagen. Imagínese que está usted en el cine viendo una película sobre leones. Se ve un cachorro de león cuya madre proviene de otra madre, y así sucesivamente. La película tiene un principio y un fin. Pero el principio y el final de la historia no coinciden con el principio y el final de la película. El presupuesto de toda la historia de los leones, es decir, el proyector, no se ve. Pero la película la puedo ver sólo porque existe un proyector. Mas él no aparece en la película. La contemplación científico-natural del mundo puede describirse de modo análogo. Dios no aparece en el mundo. Él es, sin embargo, su condición, por lo que la ciencia de la naturaleza no puede dar respuesta alguna. Entiendo que no debe forzarse la mezcolanza entre teología y ciencia natural. Esto no convenció a Teilhard de Chardin ni tampoco a los fundamentalistas protestantes que toman al pie de la letra el relato de la creación. ¿Es lícito hacer todo lo que la técnica permite? 

Hoy la praxis nos pone frente a la cuestión de si es lícito hacer todo lo que se puede hacer con la técnica…

Yo veo el criterio correctivo en la ética, en especial, en los derechos humanos. La propia ciencia natural no puede imponerse a sí misma limitaciones éticas. Lo que al hombre le está permitido hacer ya no es una reflexión matemática ni de tipo médico, ni siquiera de carácter científico-natural, sino una cuestión de orden ético. Ética fundamentalmente significa ajustarse a la realidad. Esto hoy significa que tenemos que asumir una nueva relación con la naturaleza, y por tanto también con nosotros mismos.

Hallar una nueva relación con la naturaleza quiere decir apartarse de la vieja. ¿En qué piensa usted al decir esto?

En la limitación de las pretensiones de la ciencia contemporánea. Su motivación primaria es el dominio de la naturaleza. Conocer algo, decía Thomas Hobbes, significa “saber lo que podemos hacer con una cosa cuando la poseemos” (to know what we can do with when we have it). En el origen de la ciencia moderna encontramos el gran pathos de la liberación del hombre: superar las fuerzas de la naturaleza con las que ésta nos domina. Este pathos ha caído en una profunda crisis, y con razón.

Pero al mismo tiempo nadie quiere renunciar a los hallazgos de las ciencias naturales en medicina y técnica… 

Naturalmente que no. El reverso de la moneda es tan sólo éste: Todo lo que podemos hacer para dominar la naturaleza proviene asimismo de nuestra posibilidad de dominar al hombre. Observamos que el hombre es crecientemente sometido a manipulación. Así, su dignidad nunca se ha visto tan amenazada como ahora. Si usted me pregunta por una solución, ésta sería la siguiente: Tenemos que redefinir el puesto de las ciencias naturales lejos del cientifismo, que hoy reclama para la ciencia una falsa pretensión de totalidad. La ciencia no puede convertirse en algo “suave” –esa exigencia de los movimientos de la New Age la considero utópica– sino que como hombres, precisamente para movernos en el terreno científico, hemos de definirnos de una forma distinta a como lo hace la ciencia.

¿Cuál sería el primer paso?

Más confianza en nuestra capacidad natural de autocomprensión, y una más ajustada percepción de lo que realmente es la ciencia. La ciencia contemporánea se constituye como una investigación de las condiciones: muestra cómo funciona algo, pero no lo que es ese algo. Que algo sea en sí mismo significa que se emancipa de sus condiciones originales.