miércoles, 11 de noviembre de 2015

La responsabilidad (2)

La responsabilidad es fruto de la libertad de acción. Comte-Sponville (1) dice que es el precio a pagar por ser libre.

Para poder ejercerla es necesario disponer de un margen de discrecionalidad, entonces, el nivel de responsabilidad del agente dependerá del grado de repercusión de sus acciones (2).

Las posibilidades que ofrecen al ser humano los avances tecnológicos y científicos han ensanchado la repercusión de sus acciones. Esto se puede traducir, en algunos casos, en una amenaza para la normalidad de la vida.

Para Spaemann (3), es Hans Jonas quien ha analizado la dimensión profunda de esta amenaza con más claridad y precisión, desarrollando sistemáticamente los principios éticos que se derivan de esta visión.

Este filósofo critica la pretensión de la ciencia moderna de querer reconstruir la vida consciente en su afán de progreso. Para él, el progreso en singular es un mito y cada progreso, tratado separadamente, debe estar puesto en relación responsable con el precio que se exige. Considera que la utopía de intentar radicalmente la normalidad de la condición humana conduce a la destrucción de la vida. Esta utopía transforma la realidad en ciencia ficción y, de este modo, el ser humano se hace utópico en el sentido originario del término, es decir, sin lugar, en la medida en que se le arrebata del nicho ecológico que le corresponde, como todo ser vivo.

En el libro Das Prinzip Verantwortung. Versuch einer Ethik für die technologische Zivilisation (El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica) (4), Jonas ha alertado sobre la crisis que ha sufrido la normalidad de la vida en este contexto.

(1) André Comte-Sponville. Diccionario filosófico, concepto responsabilidad.
(2) “No cabe hablar de responsabilidad allí donde se deben seguir indicaciones de acción exactas, sino allí donde cae dentro de las competencias de alguien establecer un orden dentro de un determinado ámbito vital complejo o realizar una tarea compleja, allí donde para el ejercicio de esa tarea tiene que completar con su propio saber hacer un margen de discrecionalidad, y, finalmente, allí donde está obligado a rendir cuentas del resultado de sus acciones. La responsabilidad política por el resultado va más lejos que la responsabilidad específicamente moral. Quien no tiene suerte en la política, ha de abandonarla. El superior es responsable de los errores de sus subordinados que produzcan consecuencias de cierta importancia, también en el caso de que moralmente no tenga culpa alguna de esos errores. Con frecuencia ha elegido él al subordinado; debe responder de qué responsabilidad le confía. Así pues, la responsabilidad política, la jurídica y la moral no tienen por qué solaparse. La responsabilidad política es la más difícil de delimitar con claridad.” (Spaemann, Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar, 15. La responsabilidad como concepto fundamental de la ética , página 206)
(3) Ver Robert Spaemann, Una ética contra la ciencia ficción. Discurso de Laudatiocon motivo de la concesión del Premio de la paz de los editores alemanes a Hans Jonas. Publicado en la revista Nuestro Tiempo nº 407, Pamplona, mayo 1988
(4) Ver Hans Jonas,1973, El principio de responsabilidad: Ensayo de una ética para la civilización tecnológica, trad. cast. Ed, Herder, Barcelona, 1975).
Ramon Alcoberro, describe los puntos fundamentales del principio de responsabildad de Jonas en Filosofia i Pensament, Introducción a Jonas, www.alcoberro.info/jonas0.htm
“El deber o axioma básico de la responsabilidad comprende tres aspectos:
Ramon Alcoberro
1. La existencia de un mundo habitable, pues no cualquier mundo puede ser un espacio de “habitación” humana auténtica.
2. La existencia de la humanidad, porque un mundo sin hombres para Jonas equivale a la nada: sin humanidad desaparece el ser.
3. El “ser tal” de la humanidad: la humanidad auténtica no es cualquiera, sino una humanidad creadora. El ser del hombre crea valor y una humanidad no creadora no sería estrictamente humana.





martes, 10 de noviembre de 2015

La responsabilidad (1)

Retornamos (1) a la disyuntiva planteada por Max Weber al distinguir entre dos actitudes morales fundamentales que contempla como última alternativa no susceptible de justificación: la ética de los principios o de convicción y la ética de la responsabilidad (2), calificando la primera como ética de los santos y la segunda como la ética de la política.

Quien actúa de acuerdo con una ética de los principios calificará determinadas acciones sin tener en cuenta el contexto, quien actúa de acuerdo con una ética de la responsabilidad valorará las consecuencias previsibles de sus acciones antes de decidir.

Para Spaemann las acciones no son buenas o malas porque hagan mejor o peor el mundo, sino que hacen mejor o peor el mundo por ser buenas o malas (3).

El concepto ética de la responsabilidad tiene la peculiaridad de convertir un determinado fenómeno moral, social y jurídico (la responsabilidad) en un modelo con el que interpretamos en su totalidad nuestra orientación moral a la acción. La responsabilidad es siempre responsabilidad por algo y responsabilidad ante alguien. (4)

La responsabilidad es necesaria para la convivencia humana, porque difícilmente podríamos vivir si desconfiamos de todo el mundo (5).

(1) Spaemann tracta específicamente sobre este planteamiento en los siguientes escritos: Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar, obra citada, 16. ¿Quién es responsable y de qué? y respondiendo a las críticas recibidas: 17. Fundamentación moral teleloógica y deontológica. Etica: cuestiones fundamentales, V. Convicción y responsabilidad o ¿el fin justifica los medios? Felicidad y benevolencia, Responsabilidad.
(2) En los debates que se desarrollan en la actualidad sobre cuestiones de principios en torno a la política y la ética social aparece de modo recurrente aquella distinción que Max Weber introdujo y que caracterizó como una alternativa última y ya no decidible argumentativamente entre dos actitudes morales fundamentales: la distinción entre ética de los principios y ética de la responsabilidad. Como seguidor de una ética de la responsabilidad caracterizó Weber a quien en su actuar tiene en cuenta la totalidad de las consecuencias del mismo y hace de la valoración de esas consecuencias el criterio de su decisión. Consideró que sigue una ética de los principios quien califica determinadas acciones como morales o inmorales con independencia de su contexto, y así pues hace lo que juzga moralmente obligado sin prestar atención a las consecuencias de determinadas acciones u omisiones. La decisión fundamental a favor de una de estas dos actitudes no es a su vez susceptible de justificación, pensaba Weber. (Spaemann, Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar, 16. ¿Quién es responsable y de qué? pàgina 211)
(3) Robert Spaemann, Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar, 4. Acciones concretas, IV, pàgina 62.
(4) Robert Spaemann, Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar, 15. La responsabilidad como concepto fundamental de la ética, página 205.
(5) “El sistema de órdenes e instrucciones y de su puesta en práctica, tanto en el ámbito profesional como en el político, no funcionaría si el subordinado tuviese constantemente un deber de comprobación exhaustivo. La convivencia humana no puede tener éxito en modo alguno sin lo que cabría denominar «prejuicio positivo», es decir, una conjetura refutable a favor del acierto y la legitimidad de las órdenes e instrucciones recibidas. Para examinarlas y corregirlas en un caso determinado son necesarias razones específicas.” (Spaemann, Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar, 15. La responsabilidad como concepto fundamental de la ética, página 206)

lunes, 9 de noviembre de 2015

Moral teleológica y deontológica (y 4)

Spaemann (1) reconoce tres tipos de complejidad en los que una acción concreta se ha de integrar en un contexto de orden superior: 1) complejidad del significado, 2) secuencias de acciones, 3) series de acontecimientos iniciados en virtud de acciones (2).

En el caso 1) se hace referencia a acciones que se describen de manera diferente en función del contexto en que se desarrollen.

En el caso 2) se trataría de acciones intermedias antes de llegar a realizar la acción que nos proponemos.

En el caso 3) de aquellas que ponen en marcha una serie de acontecimientos que, a pesar de no depender de nosotros, los podemos prever.

La postura de Spaemann respecto a lo tratado se puede resumir en el siguiente párrafo: La ética filosófica clásica, que fue integrada en el cristianismo desde su comienzo, advierte que la bondad de una acción depende no tan sólo de sí misma -del tipo de acción que sea-, sino también de las circunstancias, los efectos resultantes, de las alternativas disponibles y de las intenciones subjetivas de los que toman parte en ella. Existen, sin embargo, acciones cuya intrínseca malicia se puede perfectamente reconocer, incluso sin un conocimiento previo de las circunstancias, de las intenciones y motivaciones subjetivas. Son siempre reprobables, y el propósito de lograr un fin bueno a través de semejantes acciones nunca puede ser un buen propósito. El fin bueno no hace bueno al mal medio (3).

(1) “Podemos distinguir tres tipos de complejidad en virtud de los cuales las acciones concretas son integradas en un contexto de orden superior, sin que por ello pierdan su identidad y se hagan inaccesibles a una censura específica: 1) complejidad del significado, 2) secuencias de acciones, 3) series de acontecimientos iniciadas en virtud de acciones.” (Spaemann, Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar, pàgina 58)
(2) Ver Robert Spaemann, Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar, páginas 58 a 61.
(3) Robert Spaemann, La perversa teoría del fin bueno. Publicado en Frankfurter Allgemeine Zeitung (Bilder un Zeiten) el 23/10/1999. Recogido por www.arvo.net


domingo, 8 de noviembre de 2015

Moral teleológica y deontológica (3)

Coopoerativa La Fageda, obra social ejemplar
Tratando el problema de la distribución de la carga de la prueba (1) Spaemann entiende que la conciencia moral ingenua es siempre deontológica, en el sentido de que para ella la incondicionalidad de la obligación moral se concreta inmediatamente en un deber determinado. En esta medida la deontología no es una teoría moral sino una fenomenología de la conciencia moral.

El utilitarismo es una teoría, un intento de reconstruir que distingue la forma y el contenido de la obligación moral y trata de establecer entre ambos una conexión deductiva, y, de ahí, le corresponde la carga de la prueba, debe demostrar la corrección de sus planteamientos (2).

Spaemann menciona cinco razones que justificarían que el utilitarismo no logra lo que pretende (3):
1. El utilitarismo no alcanza la necesaria coherencia ni llega a estar libre de contradicción. Incluso en determinadas situaciones una actitud utilitarista se revela como contraproducente, es decir, favorece el contrario de lo que busca.
2. La obtención de un juicio moral concreto partiendo de premisas utilitaristas, es decir, teleológicas en sentido universal, es imposible sin determinadas suposiciones adicionales que no se pueden acreditar teóricamente.
3. La distinción entre imperativos técnicos y imperativos morales, que es constitutiva para toda conciencia moral, resulta anulada por la teleología universal. Esta pone a la conciencia moral, tan pronto se trate de normas  materiales, a manos de la razón instrumental. (4)
4. Determinados principios fundamentales para toda moral, como el de justicia, no sólo no se pueden derivar de consideraciones utilitaristas, sino que una teleología universal consecuente incluso los elimina.
5. El utilitarismo somete al agente a una exigencia sistemática excesiva. Y, a la inversa, su doctrina todos los deberes están condicionados por la situación lleva, en concreto, a exigir de la conciencia menos de lo que le correspondería pedirle.

(1) Carga de la prueba(onus probandi): es una expresión latina del principio jurídico que señala quién está obligado a probar un determinado hecho ante los tribunales. Su fundamento radica en un viejo aforismo de derecho que expresa que «lo normal se entiende que está probado, lo anormal se prueba». (es.wikipedia.org/wiki/Onus_probandi)
(2) Robert Spaemann, Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar, Eiunsa, 14. Sobre la imposibilidad de una ética teleológica en sentido universal, página 189.
(3) Robert Spaemann, Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar, obra citada, páginas 189 y siguientes.
(4) Razón instrumental: Se trata de la estructura de pensamiento que privilegia la utilidad de la acción y que considera los objetos como medios para alcanzar un fin determinado. (definicion.de/razon-instrumental/)





sábado, 7 de noviembre de 2015

Moral teleológica y deontológica (2)

La controversia entorno a la fundamentación moral teleológica o deontológica es inherente a la filosofía práctica y, por tanto, tan antiguo como ella. La reflexión filosófica en este sentido comienza donde un sistema de normas vigentes pierde inteligibilidad, y esta reflexión tiene de entrada la forma de una crítica o reconstrucción teleológica de estas normas (1).

Es de la esencia misma de toda fundamentación reflexiva de normas proceder teleológicamente. Entonces, si toda ética filosófica -en la medida que argumente y no se limite a afirmar la validez de determinados principios- es teleológica, no tiene sentido la disyuntiva entre teleología y deontología.

La controversia no surge de la teleología, sino de una de sus manifestaciones, el utilitarismo (2), que es una forma de teleología ética en la que los actos morales se valoran en función de la comparación entre costes y utilidad.

Para Spaemann (3), el debate hay que situarlo en la disyuntiva entre deontología y utilitarismo (4).

(1) Ver Robert Spaemann, Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar, Eiunsa, 14. Sobre la imposibilidad de una ética teleológica en sentido universal. Página 185.
George Edward Moore
(2) “Cuando a finales del siglo pasado Rudolf Paulsen sustituyó el concepto de utilitarismo por el de teleología, lo hizo porque el utilitarismo anglosajón en su forma clásica solamente reconocía como fin del actuar moral y como criterio de la valoración de la utilidad la obtención colectiva de placer, pleasure. Sin embargo, desde G. E. Moore (G. E. Moore, Grundprobleme der Ethik, München, 1975; y Principia Ethica, Stuttgart, 1970), como muy tarde, existe la forma de l0 que Ross (W. D. Ross, The Right and the Good, Oxford, 1930) denominó «utilitarismo ideal», el cual establece como fin en sí la optimización, el incremento del valor, no pudiendo los valores morales ser considerados como elementos de la base de valoración, pues de lo contrario la definición de lo moral se tornaría circular. En la bibliografía anglosajona reciente el concepto de utilitarismo se aplica a toda ética entendida como estrategia de optimización, dado que sólo él -a diferencia del concepto de teleología- permite designar con la necesaria nitidez distintiva la diferencia específica respecto de otras formas de fundamentación moral.” (Spaemann, Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar, obra citada, páginas 186-187)
William David Ross
(3) “para que los conceptos «utilitarista» y «deontológico» formen una disyunción completa, debe llamarse «deontológica» a toda valoración de una acción con base exclusivamente en un telos no idéntico a la optimización del estado global del mundo, y por ello idóneo para describir específicamente un tipo de acción, mientras que será «utilitarista» la elección de ese estado global —desde el punto de vista de su optimización— como marco de referencia de todo juicio moral. Sobre esto, y no sobre la «teleología», es sobre lo que versa el debate.” (Spaemann, Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar, pàgines 187-188)
(4) "El utilitarismo se puede definir, simplificando un tanto, como la concepción de que la corrección o incorrección de una acción depende solamente de sus consecuencias (reales o probables). Según esa concepción, una acción es correcta si y sólo si produce, o es probable que produzca, al menos tanto "bien" como cualquier otra acción que también fuese posible para el agente, mientras que una acción es obligatoria si y sólo sí produce, o es probable que produzca, más "bien" que cualquier otra acción que también fuese posible para el agente (…). Las diversas variantes del utilitarismo son solamente diversas concepciones sobre el procedimiento adecuado para determinar la utilidad o el valor de las consecuencias, para determinar que es "bueno" y cómo se ha de calcular.” (M. Singer, Verallgemeinerung in der Ethik. Zur Logik moralischen Argumentierens, Frankfurt am Main, 1975, p. 231)




viernes, 6 de noviembre de 2015

Moral teleológica y deontológica* (1)


Max Weber
¿Las acciones son buenas o malas por sus consecuencias o por sí mismas? El sociólogo Max Weber introdujo dos conceptos de ética que caracterizan dos posiciones que consideraba irreconciliables: ética de responsabilidad o política y ética de convicción o de los santos. (1)

Actualmente la cuestión planteada por Weber se debate utilizando los términos moral deontológica y moral teleológica.

Spaemann define como deontológica la moral que llama buenos o malos ciertos comportamientos en general sin tener en cuenta las consecuencias; y como teleológica aquella otra que deduce el valor de las acciones en base al conjunto de las presuntas consecuencias. A la moral teleológica o ética de responsabilidad se le llama también utilitarismo.

Considera que la alternativa ética de convicción-ética de responsabilidad, lo mismo que la alternativa deontología-utilitarismo, no ayuda a clarificar las cosas que tratan porque “no hay ética alguna que prescinda absolutamente de las consecuencias de los actos, ya que es absolutamente imposible definir un acto sin considerar sus precisos efectos. Actuar significa producir efectos.”

Lo que hay que averiguar es hasta donde llega la responsabilidad de una acción, es decir, saber si determinadas consecuencias nunca pueden ser causadas o si está permitido cualquier acto con tal de que a la larga quede justificado por el conjunto de las consecuencias positivas. Dicho de otra manera, si el fin justifica los medios cuando  un fin bueno compensa el mal producido por los medios empleados.

* Ver Robert Spaemann. Etica: cuestiones fundamentales, Eunsa, V. Convicción y responsabilidad o ¿el fin justifica los medios? Páginas 73 a 75
(1) “Entendía por ética de responsabilidad la actitud de una persona que, en sus acciones, considera el conjunto de las previsibles consecuencias, y se pregunta cuáles son -desde el punto de vista del contenido de valor de la realidad- las consecuencias mejores en conjunto, y entonces actúa en consecuencia; y eso aunque tenga que realizar lo que, aisladamente considerado, deberíamos considerar como malo. ... Según la ética de convicción, por el contrario, actúa el pacifista que no está dispuesto a matar en ninguna circunstancia, tampoco incluso si la extensión de la idea pacifista aumenta de un lado el peligro de guerra. (Ver Robert Spaemann. Etica: cuestiones fundamentales, obra citada, Página 73)

jueves, 5 de noviembre de 2015

Los dos conceptos fundamentales de la moral* (y 3)

La postura de Spaemann se inclina hacia la tendencia a la justificación (1). Su planteamiento se basa en la estructura formal de la acción ética, que describe de la manera siguiente: en primer lugar, la inmediatez de una valoración en la que no han intervenido razones; en segundo lugar, una decisión determinante por medio de la razón, que coordina los impulsos hacia lo bello y los calibra críticamente en función del objetivo de la vida buena en conjunto. (2)

No ha de sorprender una tensión entre el aspecto intuitivo y el racional, una tensión necesaria que no se puede suprimir sin que quede maltrecho lo que es propiamente moral.

Indica que es inherente al principio de integración racional tender a volverse contra sus propias premisas naturales e históricas y a disolverlas o funcionalizarlas. Añade que la historia de la ética europea  no puede entenderse sin esta tendencia.

Por el contrario, destaca que es la grandeza de la filosofía clásica realizar una racionalidad que no por ello cae en la irracionalidad de olvidar sus propias premisas naturales e históricas, es decir, no racionales.

Reitera que cuando la racionalidad se hace exclusiva, se vuelve irracional, resultado de una opción arbitraria, como los residuos irracionales excluidos por ella. La razón que no conserva la memoria de sus premisas naturales e históricas deviene ella misma de nuevo mera naturaleza.

Y concluye que toda moral de civilizaciones complejas se fundamenta en una tensión estabilizada entre el punto de vista del valor y el de la meta o del bien. Dicho de otro modo, una tensión entre el principio del honor (3) y el principio de la racionalidad. (4) 

* Ver Robert Spaemann, Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar, Eiunsa, Los dos conceptos fundamentales de la moral, páginas 71 a 75
(1) “La ética prefilosófica consiste en una serie de tabúes cada uno de los cuales reclama una validez absoluta. La necesidad de una fundamentación se plantea allí donde estos tabúes, estos esquemas de acción, no cubren ya la realidad vivida. Donde se vuelven ambiguos o antinómicos y colisionan entre sí. O también allí donde los ámbitos de la vida en los que las normas tradicionales encuentran aplicación se vuelven indiferentes a dichas normas porque hay nuevas realidades que esas normas no cubren en absoluto. … Lo que en tales épocas de comienzo de la reflexión sobre el «bien supremo» deba valer como bueno ha de insertarse en el conjunto de una buena vida y sólo de esa insertabilidad recibe su legitimación. La idea de un conjunto tal se convertirá en telos, en meta, en el patrón de todas las normas vigentes. Pero, con todo, éstas no pueden deducirse positivamente de ella. Ya hay que saber o sentir que la amistad es un contenido muy señalado de la felicidad humana para hacer que a partir de la aspiración a la felicidad surja la voluntad de amistad. La ética de Aristóteles tuvo presente este punto de vista y fue así esencialmente hermenéutica, no apriorístico-deductiva.” (Spaemann, Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar, obra citada, página 70)
(2) Spaemann, Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar, obra citada, página 71, y añade “Encontramos esta estructura expuesta de una manera clásica en Las Euménides de Esquilo.”
(3) “Al principio del actuar que se orienta por la inmediatez de un valor lo he denominado también principio del honor” (Spaemann, Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar, obra citada, página 74)

(4) “Toda moral de civilizaciones complejas se funda en una tensión estabilizada, y una tensión por cierto, así podernos ahora decirlo, entre el punto de vista del valor y el de la meta o «del bien», como se dice en términos de la moral clásica. Dicho de otro modo, una tensión entre el principio del honor y el principio de racionalidad. … Hemos visto que toda moral reflexionada integra en el todo reflexivo de una vida recta las ideas de valor inmediatamente aceptadas y vividas. Este todo reflexivo, establecido como fin supremo, se encuentra en una necesaria tensión respecto de la inmediatez de aquellos valores que están integrados en él. Tiende a hacer de los esquemas morales de conducta meros medios para el «fin supremo». Es entonces exclusivamente este fin el que justifica los medios. Pero con ello el propio fin queda vaciado de aquellos contenidos que hacen de él un fin moral. Por otra parte, las morales que se basan en la simple inmediatez de las ideas de valor tradicionales, sin someterlas a crítica y calibrar su posible integración en el conjunto de una vida recta, están condenadas a la ineficacia y a su desaparición. Por consiguiente, toda moral ha de estabilizar de alguna manera la tensión sin suprimirla.” (Spaemann, Límites. Acerca de la dimensión ética del actuar, obra citada, página 74)