La conciencia es la mirada que el hombre dirige al
bien, pero el ojo no puede verse a sí mismo. Debemos seguir aquello que nos
parece ver (1). Es en el ser humano el órgano del bien y del mal; pero no es un
oráculo. Nos marca la dirección, nos permite superar las perspectivas de
nuestro egoísmo y mirar lo universal, lo que es recto en sí mismo. Pero, para
poder verlo, necesita de la reflexión de un conocimiento real que también sea
moral, y eso significa que necesita una idea recta de la jerarquía de valores
que no esté deformada por la ideología. (2)

No es así, sino que hay otro elemento a tener en
cuenta: la voluntad. La conciencia es una exigencia de cada uno consigo mismo.
(3) Una conciencia bien formada,
delicada y sensible, es característica de un hombre interiormente libre y sincero, pero en la conciencia se pueden reflejar algunas
enfermedades. Una de ellas es la escrupulosidad que, en vez de contemplar lo bueno y
lo recto, uno se contempla
siempre a sí mismo y observa con angustia cada
uno de sus propios pasos. Por
otro lado se encuentra la laxitud de quien casi
nunca se siente culpable de nada,
incapacitándolo para cualquier posibilidad de mejora.

Muchas
veces,
esto supondrá un cambio de actitud que suele afectar
emocionalmente, se siente dolor por haber actuado injustamente. (4)
(1)Ver
Robert Spaemann. Etica: cuestiones
fundamentales, VII. Lo absoluto o ¿qué convierte una acción en buena?
página 99.
(2)
Ver Robert Spaemann. Etica: cuestiones
fundamentales, VI. El individuo o ¿hay que seguir siempre la conciencia?,
página 94
(3) Ver Robert Spaemann. Etica: cuestiones fundamentales, VI. El individuo o ¿hay que seguir
siempre la conciencia?, página 87
(4) Ver Robert Spaemann. Etica: cuestiones fundamentales, VI. El
individuo o ¿hay que seguir siempre la conciencia?, páginas 92 i 93.
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